El momento adecuado

Cuando piensas en cosas que quieres o necesitas hacer, para muchos de esos supuestos existe un momento adecuado. Que un momento sea más adecuado que otro para hacer algo concreto depende (o puede depender) de muchísimos factores.

En unos casos, puede depender de las condiciones climatológicas. En otros, del año, mes, semana, día, o incluso momento en que te encuentres. Hay casos en que puede depender de que te encuentres en un lugar, o con una persona, o incluso con varias. Y existen casos en que puede depender de tu estado de ánimo.

A esos factores que pueden condicionar y convertir un momento en más adecuado que otro —y que pueden tender al infinito— hay que sumar que, además, en la mayoría de ocasiones la dependencia se basa en una combinación de varios.

Visto así, podría parecer que elegir ese momento para hacer algo requiere de un complejo proceso de análisis de factores y condiciones. Y en muchas ocasiones puede ser cierto.

Sin embargo, hay otras —miles, millones— en que determinar el momento adecuado es mucho, muchísimo más sencillo. Y es tan sencillo porque se trata de una constante: Ahora. No es difícil detectar este tipo de situaciones en que su momento es ahora, sabes reconocerlas perfectamente.

¿Cuál es el mejor momento para aprender? ¿Y para apoyar? ¿Cuál es el mejor para detenerte y evaluar? ¿Y para ayudar a alguien? Otra cosa es que esperar un momento más apropiado sea la excusa perfecta, ¿verdad?

¿Futuro y trabajo?

El presente nos va dando cada día más pistas sobre qué ocurrirá.

Todo el mundo escribe sobre ello. Un ejemplo. Y otro (con tres y cuatro años respectivamente, sin pandemia a la vista). Si te centras en los últimos 15 meses, tus opciones de lectura se disparan.

Si no sueles hacerlo, quizá te interese leer algo sobre este tema. Y te beneficie.

Unas preguntas potentes

Hoy voy a hacerte unas preguntas potentes. Puedes tratar de responderlas con honestidad y enfrentarte a realidades incómodas, puedes responderlas sin responderlas para tratar de sentirte realmente bien (prueba superada), o puedes ignorarlas por completo. Solo si optas por la primera opción, leerlas te aportará algo. En otro caso puedes detenerte aquí y dedicar tu tiempo a otra cosa, cualquiera, es probable que te aporte lo mismo.

  1. ¿Estás muy ocupado u ocupada? ¿Haciendo qué? (No es obvio…)
  2. ¿Y eso que haces qué te aporta? (Tampoco es obvio)
  3. ¿En algún momento comparas qué haces y qué querías/deberías estar haciendo? (Incómodo)
  4. Y si haces esa comparación, ¿qué ocurre? (Más incómodo)
  5. ¿Por qué crees que te pasa esto? (Una salida para quien ha comenzado y preferiría no haberlo hecho)

Las situaciones te devoran si no te enfrentas a ellas. No pensar en ellas, no evita que te devoren. Evita que te des cuenta (hasta que es demasiado tarde).
Esta es tu oportunidad, unas preguntas potentes y un rato incómodo. Y quizá el mayor avance que has hecho en los últimos meses o años, tú decides.

[Ha quedado una entrada un poco dura. Podría suavizarse mucho, muchísimo, hasta convertirla en inútil. ¿Crees que sería mejor opción?]

Puedes hacer algo

Si necesitas agua porque te estás deshidratando en un desierto, no tienes más opciones: es agua lo que necesitas. O morirás.

Si te intoxicas con alguna sustancia en una dosis mortal, lo que necesitas es que esa sustancia desaparezca de tu organismo. O morirás.

Pero no siempre la solución que buscas pasa exclusivamente por que aparezca lo que necesitas o desaparezca la causa de tu problema. Son extremos, no las situaciones que vives habitualmente.

Casi siempre puedes hacer algo para que esa variable externa aparezca o desaparezca, se aleje o se acerque. E incluso cuando no puedes, en muchas ocasiones puedes hacer algo para que esa situación mejore al margen de ella.

Hay modos, piensa, busca. Puedes mejorarlo. En más ocasiones de las que crees, simplemente necesitas re-evaluar tus necesidades o cambiar tu enfoque.

Cambiar vidas

A prácticamente nadie le importa demasiado qué haces o cómo eres. Es una realidad, algo decepcionante que conviene asumir lo antes posible.

Habitualmente, frases como Es una gran persona se utilizan en sustitución de algo mucho más concreto y potente que, o bien es una variable de la que se conocen escasos detalles, o bien no existe. En la mayor parte de ocasiones no existe. Se trata de comodines sociales que se utilizan, en demasiadas ocasiones, con gran ligereza.

Lo que sí le importa a la gente es qué produces, en el sentido de cuál es el impacto de lo que haces. Diseñar algo bonito o diseñar algo que consigue cambiar vidas es muy diferente. Radicalmente diferente. Si consigues cambiar vidas, para bien o para mal, estás haciendo algo realmente destacable que a todo el mundo le importa. Si solamente es bonito… bueno, ahí tienes tu comodín social políticamente correcto equivalente a No me importa.

Seas como seas, gustes o no gustes, te tachen de agradable o antipático, el impacto que produce cambio es lo que realmente trasciende. A nadie le importa qué has logrado, pero a todo el mundo le importa qué has cambiado. Sobre todo, si son vidas.

Sé más eficaz, parte 2 capítulo 26

Primera entrada de julio dedicada a la obra «Sé más eficaz» de David Allen. Inicio de mes y final de la segunda parte del libro con este capítulo 26: El valor de una meta en el futuro es el cambio de que promueve en el presente.

A lo largo de este escrito, Allen te habla sobre el valor de la visión de un futuro deseado y cómo repercute en tus percepciones, siendo germen de cambio a presente, encaminado a materializar ese futuro. También sobre la estrecha relación entre visión y acción, entre pensar o visualizar o hacer, sobre cómo se fusionan en el denominador común que es tu persona y tu vida, y el necesario equilibrio entre ambas partes.

Se trata de un capítulo apasionante. No deberías perderte el análisis en más profundidad en el blog de Aprendiendo GTD y por supuesto, como es norma general ya, leerte el original.

Esfuerzo sin más no vale

El esfuerzo está sobrevalorado. Siempre, desde el comienzo de nuestras vidas, se nos ha instado a esforzarnos al máximo para conseguir los mejores resultados.

Sin embargo, el esfuerzo en sí mismo, sin más puntualización, es un término vacío.

Si quieres abrir una puerta girando la llave en el sentido incorrecto, por mucho que te esfuerces no podrás abrirla. Y a más esfuerzo, las posibilidades de que deteriores la cerradura o rompas la llave se acrecentan. Esto no solamente no supone un avance, sino que te lleva en sentido contrario al deseado.

El trabajo realmente duro y que realmente produce grandes resultados es previo a aplicar esfuerzo, y se basa en decidir dónde y de qué modo aplicarlo. Esfuerzo sin más no vale, precisa aplicarse con enfoque y dirección.