Sobre los tejados

Sobre los tejados

Si vives en un lugar de cierta altura, es posible que veas con frecuencia algo relativamente similar a esto. Si no es tu caso, lo habrás visto igualmente aunque con menos frecuencia. Esa foto está tomada desde la ventana de la cocina de mi piso, en Gijón.

Multitud de edificios, unos más altos, otros más bajos… y al fondo, sobre los tejados, el mar. La Playa de San Lorenzo. Desde aquí todo se ve diferente a como se ve desde la calle, cuando paseas. Es lo mismo, pero es diferente.

Sin embargo, a cada zona que miro, tengo claro cómo se vería a pie de calle en ese mismo lugar. He estado allí en cientos, o miles de ocasiones. Y, como te he dicho, al fondo la playa. No se ve, pero está ahí.

Lo que ves en la foto es parte de un barrio llamado La Arena.

Una vista sobre los tejados, una vista a pie de calle… lo mismo pero diferente, y a la vez diferente pero lo mismo. Todo es La Arena. Todo está ahí y forma parte del barrio, mires donde mires u observes desde donde observes. Separar una parte de otra es artificial. Existen diferentes vistas, diferentes enfoques, pero solo un barrio La Arena.

Te ayudaría mucho aprender a desarrollar esta capacidad de manejar diferentes vistas o enfoques sin olvidar como se ve y se siente el todo del que forman parte. Muchísimo.

En GTD®, dentro del eje de la Perspectiva, coexisten estas vistas parciales y una vista global. Separarlas es un proceso forzado, artificial, donde los límites se desdibujan. No tiene sentido que fragmentes el todo, lo que tiene mucho sentido es que te enfoques en sus diferentes zonas sin olvidar el resto.

Lo que ves al mirar sobre los tejados y lo que ves a pie de calle es diferente pero lo mismo. Lo que ves al mirar tu día, al mirar hacia los próximos meses o al mirar a un futuro a cinco años, también es diferente pero lo mismo. Su grandeza está en ser diferente y ser lo mismo a un tiempo. Si deja de ser diferente pierdes, y si deja de ser lo mismo pierdes también.

El primer paso es visualizarlo

Si eres como casi todas las personas, quizá te gustaría (puedes elegir varias):

– Disponer de más tiempo para invertir en tus hobbies
– Obtener el doble de reconocimiento de tus compañeros y superiores
– Tener diez veces más de clientes
– Sentir cinco veces más de orgullo por el trabajo que desarrollas
– Tener a diario una de esas largas conversaciones con tu pareja, en lugar de una por semana
– Leer dos libros por mes, en lugar de uno
– Poner en marcha ese proyecto con el que sueñas desde hace años
– Tener una relación mucho mas cercana y activa con tus amigos y amigas
– Pasar diez días en ese lugar al que has querido ir desde tu niñez
– Sentirte mucho más respetado o respetada
– Pasar un fin de semana esquiando en familia en Los Alpes
– Sentir como sentiría una persona realizada y en paz interior/exterior
– Dar un giro radical a tu carrera profesional
– Mudarte a una zona rural, cerca de la playa o montaña
– Cumplir con tu propósito haciendo algún tipo de aporte realmente valioso al resto de las personas

Es difícil imaginar que ninguna de esas opciones te atraiga. Y sin embargo, ¿haces algo al respecto?

El primer paso es visualizarlo, sentir que has llegado y saborear el éxito. Fíjate bien en él, porque puede darte muchísimas pistas sobre qué puedes hacer para convertir ese sueño en una realidad.

¿Qué puedes esperar?

El ser humano es experto a la hora de evadir las cuestiones difíciles.

En la práctica totalidad de ocasiones tienes claro qué puedes esperar de alguien o algo. De una persona, una cosa, o una situación. De forma más o menos consciente, esto ocurre.

Éste es el motivo de que alguien o algo te decepcione. Existe una respuesta por debajo de tus expectativas. Ocurre lo mismo a la inversa, puedes sorprenderte gratamente con una respuesta mejor a la que en principio esperabas. Pero raramente te deja indiferente a causa de que no existiese una expectativa previa.

Tienes unas expectativas prestablecidas al respecto de tu amigo, de tu esposa, del coche que acabas de estrenar, de lo que tu nuevo puesto en tu empresa pueda aportarte o del nuevo gel de ducha que acabas que comprarte.

¿Y que hay sobre ti? ¿Haces algo para estar a la altura de tu propia exigencia? ¿Te has planteado siquiera qué exigirte para alcanzar tus propias expectativas?

La paz

Una de las grandes virtudes de tener un blog personal es poder, hasta el límite que desees marcar, escribir sobre lo que quieras. Y hoy he decidido hablarte sobre la paz y su profundo significado.

En castellano, el término paz se define por la R.A.E. como:

  1. f. Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
  2. f. Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia.

Es decir, fundamentalmente utilizamos este término (en una de sus acepciones más comunes) para referirnos a la ausencia de conflicto. Sin embargo, su significado ha ido sufriendo variaciones a lo largo de la historia.

En la biblia, el significado que se otorga al término paz es diferente a nuestra actual concepción para esta palabra.

La biblia fue escrita en hebreo y arameo —el Antiguo Testamento— y en tres tipos de griego (póntico, ático y homérico; koiné) —el Nuevo Testamento—.

En el Nuevo Testamento, el término paz se ve representado como eirênê (de aquí procede el nombre propio que conocemos hoy, Irene). Pero se trata de una variación cuyo significado riguroso debemos buscar en el Viejo Testamento.

Y en el Viejo Testamento, en hebreo, el término paz se ve representado por shalom. Seguro que conoces y has oído o escuchado este término. Sin embargo, shalom difiere en su significado de lo que entendemos por paz en castellano.

Shalom, en hebreo, procede del término shalem. Para entender esto, son necesarias algunas nociones sobre el hebreo.

En el hebreo antiguo no había vocales —solo cuatro consonantes que se pronunciaban de un modo similar a lo que hoy son vocales, para convertir en pronunciable lo impronunciable—. Las vocales llegaron en el s. VI d.C. con los monjes masoretas, que comenzaron a colocar una serie de puntos y símbolos a las consonantes para ejercer esta función. Es decir, el hebreo bíblico con que se escribió el antiguo testamento estaba formado por puras consonantes, sin vocales. Veintidós.

Debido a esto, hay muchas palabras con las mismas raíces dado que, con la llegada de las vocales, un término antiguo formado por consonantes en exclusiva dio lugar a diferentes combinaciones añadiendo las vocales. En estas circunstancias, nacen términos de una misma conjunción de consonantes pero que se pronuncian diferente debido a que cambian sus vocales. Ocurre que estos términos tienen irremediablemente ligado su significado, y es lo que pasa con shalom (שָׁל˙ם) y shalem (שָׁלֵם).

Mientras shalom significa paz, shalem significa integridad. La paz, en su versión original bíblica, es una consecuencia de la integridad.

Como puedes ver, esto difiere enormemente de nuestro concepto actual. Mientras actualmente relacionamos la paz con la ausencia de conflicto, en hebreo antiguo la paz era el estado al que se llega a través de la integridad. Y para nada tiene que ver con la ausencia de conflicto.

De hecho, poner la integridad por delante aún sin buscar el conflicto, sí deriva en que éste se produzca en muchas ocasiones. En su significado en hebreo, la paz puede generar conflicto a causa de la búsqueda de la justicia. Puede generarse una guerra por la paz.

Muchas de las más conocidas figuras de nuestra historia —antigua o reciente— que se han postulado de forma íntegra en pro de necesarios cambios socioculturales o en contra de movimientos discriminatorios, que han buscado la paz a través de la integridad, han abandonado nuestro mundo en medio del conflicto o la violencia como consecuencia de sus actos. Grandes pacificadores que han predicado un mensaje de paz cargado de justicia, verdad e integridad, y sucumbido ante el conflicto violento en su misión no violenta. Se te ocurrirán varias figuras que encajan en este patrón, comenzando por Jesús de Nazaret.

Se trata de una reflexión muy interesante que puede hacer que te replantees muchos paradigmas, y le des vueltas a determinadas interpretaciones que has podido hacer de textos bíblicos si eres una persona cristiana. Y si no lo eres, cuanto menos se trata de una curiosidad interesante, ¿verdad?

Fuentes: Gracias al Dr. Yattenciy Bonilla por su constante búsqueda del conocimiento, y por compartirlo de forma abierta. Y por supuesto gracias a mi amigo Justi por ser una fuente inagotable de información, ideas, e invitaciones a la reflexión que me ayudan a mejorar a través de cada conversación que compartimos.

Oportunidades perdidas

En ocasiones, tienes una gran idea. Una idea grandiosa, te lo parezca o no en el mismo momento de tenerla. Vista en perspectiva unas horas después, o quizá al encontrártela de nuevo dentro de dos meses, te darías cuenta de que lo es. Pero casi siempre, esas grandes ideas se quedan en oportunidades perdidas.

Puede ocurrirte mientras caminas durante ese largo paseo que das cada día, mientras estás en la ducha o mientras conduces. Puede aparecer de la nada, o disparada por cualquier cosa que acabas de ver, escuchar o sentir.

Esa idea, por sí sola y con el apoyo de tu compromiso por convertirla en algo más, podría ser determinante en el transcurso de tu vida. Podría ser el germen de algo que lo cambia todo.

Durante un instante, piensas en ella. Cientos de nuevas ideas nacen a partir de ese pensamiento, inundan tu mente. Modos de llevarla a cabo, posibles inconvenientes que podrían darse y formas de rodearlos, e incluso cómo sentirías que eso se materialice y ese germen termine por convertirse en un rotundo éxito.

Sin embargo, si no haces nada más todo se esfuma. En este preciso instante no eres consciente de ello, tu mente está demasiado ocupada generando, saboreando y disfrutando. Pero todo lo que generas, saboreas y disfrutas no irá más allá de un momento de alta actividad cognitiva y pasión emocional de entre tantos que se han dado en tu vida. Han existido por millares, pero apenas alcanzarías a recordar un par de ellos.

Es necesario que la atrapes, que la plasmes de un modo en que ya nunca pueda dejar de ser tuya. Las mejores ideas de tu vida son aquellas con las que no has hecho nada. Hubieran cambiado tu vida por completo, cada una de un modo diferente. Pero lo que cambia tu vida es lo que haces y no lo que piensas.

Tu vida no ha cambiado porque para ello se precisa más que una idea, y nunca han dejado de serlo. En realidad, tus mejores ideas no son estas, sino aquellas con las que haces algo. Estas ideas simplemente se quedan en oportunidades perdidas que hoy ya nadie recuerda.

¿Te gustaría ser feliz?

Pues estás de suerte, te dejo unas ideas:

  • Puedes leerte este libro
  • Puedes comenzar por plantearte qué significa realmente para ti ser feliz

Respecto a la primera, sin dudas. Es un gran libro, puede darte muchas respuestas.

Respecto a la segunda, podrían escribirse páginas y páginas. Generalmente lo que deseas y no tienes no es la causa de tu infelicidad, sino que la causa eres única y exclusivamente tú. Mucha gente es infeliz por desear cosas que no tiene, aún cuando tiene muchas.

Para ser feliz solo hay que querer. El cambio necesario está en ti, no en el exterior.

Corrección política

La corrección política es una pérdida de tiempo. De hecho, es más aún que eso.

Si no aportase nada a lo que quieres conseguir, seguramente podría decirse que se trata de lo que comúnmente llamamos una pérdida de tiempo. Un extra en el que se invierte algún tipo de recurso y no aporta. Pero no es así. En lugar de no aportar, resta. Sacrifica el mensaje adecuado en pro del mensaje que deseas oír, algo que casi nunca puede hacerse sin alterarlo profundamente.

Decirte lo que quieres oír es sencillo. Y socialmente suele estar bien recompensado, lo cual roza lo dramático. Fomenta la carencia absoluta de valor en el mensaje que te trasladan. Como sociedad, lo hemos convertido en lo fácil cuando deberíamos hacer todo lo contrario. No es recomendable obviarla siempre, pero sí en la inmensa mayoría de ocasiones.

Balancea, evítala cuando sea posible. Se trata de aportar vs complacer. Busca el mensaje que te cuestione y te enfrente, que te haga pensar y que te rete a mejorar. El valor se encuentra ahí, y cada día que pasa hay menos mensajes de ese tipo. En su lugar, avanza a marchas forzadas la corrección política alimentando egos, distorsionando realidades, y matando lentamente toda intención de mejora.