Sin cambio no hay nada

¿En alguna ocasión has mantenido una conversación con alguien que tiene una opinión diferente sobre algo, tratando de persuadirla para que la cambie? ¿En cuántas ocasiones lo has logrado? ¿Y en cuántas otras has terminado por ser tú quien cambia de opinión al respecto?

Es muy probable que tu primera respuesta sea . También que tu segunda respuesta se base en un porcentaje que se mueva entre el 0 y el 50%, y que la tercera puntúe bastante menos de la mitad —por no decir mucho menos— que la segunda.

Todas las personas están dispuestas a invitar al cambio, pero pocas lo están a cambiar.

Si asistes a una reunión a la que cada parte acude con su propia idea formada sobre lo que debe resultar de la misma y no está dispuesta a cambiarla, todos perderéis el tiempo. Sin cambio no hay nada.

Las personas dispuestas a cambiar reciben y aportan más. Avanzan más. Construyen más. Son el motor. Las que no están dispuestas a cambiar solo pueden seguir estelas, sin alcanzarlas nunca. Y fingir que no les importa.

El mundo es mobile

Hace unos días estaba dando un repaso a las estadísticas del blog y un dato llamó mi atención. No porque se tratase de un dato totalmente inesperado. Es un hecho que he comentado con otras personas en varias ocasiones, y mi postura siempre ha sido la de quien no debiera sorprenderse ni mínimamente por esto que estaba viendo.

Y sin embargo, esa confirmación tan rotunda me llamó la atención. Casi un 81% del tráfico que recibe este blog procede de dispositivos móviles. El restante, un amplio 19%, en su mayoría desde portátiles y ordenadores de escritorio, con solamente un escaso 5% para tablets.

Es curioso que aunque desde hace mucho tiempo sea evidente que el mundo es mobile, me llame la atención ese porcentaje tan absolutamente aplastante. Quizá porque yo desarrollo la mayoría de mis actividades frente a un ordenador, no esperaba tal ventaja para los dispositivos móviles.

Pero está ahí. No es un dato pasajero, se basa en estadísticas de ya varios meses. Y no falta quien ha confirmado esto mucho antes que yo.

Ante esto, es muy fácil comprender el porqué de que ningún sitio que se precie en Internet olvida adaptar su contenido y funcionamiento a la experiencia en móviles. O el porqué de que las RRSS adapten su comportamiento a estos dispositivos que llevamos el 100% del tiempo en nuestros bolsillos. Incluso el porqué de la transición de todos los servicios con visión de futuro hacia la nube, trasladando —y mejorando— toda la potencia del obsoleto escritorio al mundo mobile.

Quizá sigamos persiguiendo un futuro que en parte podemos predecir. Quizá en ocasiones lleguemos a alcanzarlo, en otras tardemos mucho más de lo que es esperamos o querríamos, y en muchas nos siga sorprendiendo. Pero a este futuro parece que ya hemos llegado hace tiempo. El mundo ya es totalmente mobile y no hay vuelta atrás.

Disfrutar, aprender y avanzar

¿Ya tienes pensado que harás en tus vacaciones? Te dejo tres opciones que te podrías querer contemplar: disfrutar, aprender y avanzar.

Las tres trascendentes. Las tres tienen premio. Seguro que todas te aportarían mucho, y seguro que de un modo u otro ya las habías tenido en cuenta. No es una propuesta restringida al momento en que tengas vacaciones, por supuesto. Pero la libertad que las vacaciones te brindan puede abrirte algunas puertas a oportunidades que en otro momento estén cerradas para ti.

Te compartiré algo para que puedas reflexionar (y no solo aplica a este ejemplo).

Lo que no has disfrutado ya se ha perdido. Podrás disfrutar otras situaciones o momentos, pero no los pasados. Con el aprendizaje ocurre lo mismo. Y con lo que no has avanzado en los últimos meses o años, ocurre igual. Por otra parte, el tiempo que ha pasado ya no regresa. Tienes más tiempo ante ti, pero el mes pasado ya no volverá.

Entonces, el truco reside en aprovechar de un modo óptimo tu tiempo. No puedes hacer dos cosas que requieren de tu atención a la vez. Pero sí puedes hacer una única cosa que te haga disfrutar, aprender y avanzar —y más— a la vez.

Tienes la oportunidad de rentabilizar tu tiempo. Pensar sobre qué haces y cómo lo haces buscando el máximo retorno por segundo invertido. Puedes plantearte qué quieres obtener y buscar nexos, de modo que una única actividad te aporte más. Si inviertes en hacer esto bien, puedes obtener dos o tres vidas de una sola. Y que todas hayan sido buenas.

¿Cómo lo dirías?

Si alguien te preguntase a qué te dedicas, en qué inviertes la mayor parte de tus días, ¿qué le dirías?
Más allá e importante aún, ¿cómo lo dirías?

Podrías resumir mucho, un par de palabras pueden ser suficientes. O puedes resumir menos, dar más información dejando cuestiones abiertas para que te pregunte si alguna le resulta interesante. Puedes responder en un tono bajo y lineal, o alzarlo y dejarte ir. También podrías hacerlo con una sonrisa en la cara, o tratar de esconder la emoción bajo un velo de corrección.

El cómo lo dirías puede brindarle a esa persona mucha información sobre ti, mucha más que el simple qué dirías. Y no solamente a ella. A ti también puede brindarte mucha información.

Si no te alegra y emociona responder, necesitas hacer cambios. Quizá no sea necesario hacer cambios profundos y radicales, pero sí hacerlos. Quizá te emociona lo que haces, pero no el modo en que lo haces. Incluso con quién o para quién lo haces puede tener mucha trascendencia.

Si encuentras la respuesta que te emocionaría dar, habrás encontrado el lugar al que dirigirte. Responder con alegría y emoción a esa pregunta debería ser una de las metas más importantes en tu vida.

Sé más eficaz, parte 2 capítulo 22

Como cada viernes, llega el análisis de un nuevo capítulo de Sé más eficaz de David Allen al blog de Aprendiendo GTD.

Esta semana llega el capítulo 22, titulado por su autor como Debes pensar más en tus asuntos.

A lo largo del texto, Allen te habla sobre la importancia de pensar y tomar decisiones acerca de los resultados que persigues y cuál es la próxima acción que te acerca a ellos, anotarlos en un soporte externo para evitar la carga cognitiva y posibles olvidos, y finalmente revisarlos en los momentos adecuados para no perder tus oportunidades de avance.

Tres comportamientos clave para desarrollar un trabajo inteligente con la menor fricción posible.

Puedes leer el análisis más completo en Aprendiendo GTD y por supuesto, como siempre, te recomiendo acudir al original.

Y si supieras más sobre GTD®, ¿qué harías?

Si supieras más sobre GTD®, ¿Lo aplicarías para mejorar tu vida? ¿Ya aplicas realmente todo lo que sabes? ¿Cuánto crees que sabes y cuánto crees que aplicas en tu día a día?

¿Compartirías con el resto para que puedan mejorar las suyas? ¿Crees que escucharían lo que tienes para decirles?

Si te escuchasen, ¿crees que harían el esfuerzo necesario para aplicarlo?
Y si no te escuchasen, ¿harías algo más para que lo hiciesen?

¿Cómo tratarías de compartirlo? ¿En tu círculo cercano? ¿Llegando a tanta gente como te fuese posible? ¿Qué harías para suscitar interés entre tus personas allegadas? ¿Crees que podrías generar ese interés? ¿O te limitarías a aquellas personas con un interés previo, ya predispuestas a escucharte? ¿Qué les dirías y cómo les presentarías lo que tienes para ofrecerles?

¿Seguirías tratando de aprender más y más cada día, de forma proactiva? ¿O dejarías que la vida siguiese su cauce? ¿Te conformarías con saber mucho? ¿Cómo describirías saber mucho sobre GTD®?

¿Te gustaría formar personas, facilitar su aprendizaje? ¿Hacer de ello una salida profesional? ¿Vender tu conocimiento? ¿O preferirías compartir por hobby, sin compromisos? ¿Quizá simplemente no compartir y continuar con tu vida?

¿Te gustaría conocer a más gente con un nivel similar de conocimientos para charlar, debatir, y seguir aprendiendo? ¿Crees que hacer esto te aportaría más a ti, o al resto de las personas que integren el grupo? ¿Por qué lo crees?

Muchas preguntas, ¿tienes respuestas?
Si supieras más GTD®, ¿ya te has planteado para qué?

Si tienes respuestas y te apetece compartirlas, o si no las tienes y te apetece reflexionar en voz alta a golpe de teclado, yo estoy aquí. Te leeré.

¿Dónde lo pongo?

Si conoces GTD®, es probable que conozcas el ejemplo de la puerta. Necesitas llevarte algo de casa cuando salgas, y un modo perfecto de verlo cuando tiene sentido que lo veas —cuando vayas a salir— es ponértelo en la puerta de casa. Dónde lo pongo es, en cierto modo, sencillo y evidente.

Se trata de un ejemplo representativo de esa máxima efectiva de verlo cuando tiene sentido verlo y no verlo el resto del tiempo. De este modo, tu temor a olvidarlo al salir desaparece, confías en que lo verás en el momento oportuno. Y además, consigues sacártelo de la cabeza de forma que no estarás constantemente pensando en olvidar algo que con toda seguridad olvidarás en el momento exacto en que no deberías hacerlo. Es algo que, ya de forma intuitiva, aplicamos muchas personas en esta u otras situaciones incluso antes de conocer GTD®.

Ocurre que la mayor parte de situaciones que se presentan en nuestra vida carecen de soluciones tan sencillas o evidentes. El dónde lo pongo no es tan obvio, o al menos conseguir esa tranquilidad y evitar los olvidos va a requerir de algo más. Me explico.

Imagina que en tu casa tienes dos puertas de entrada que utilizas indistintamente, en lugar de una. La cosa se complica. Podrías ponerte un post-it en cada una de ellas para recordarte llevar lo que necesitas, y habrías cumplido con el mismo principio.

Sin embargo hacerlo de este modo podría derivar en una situación poco sostenible. ¿Y si tienes ocho puertas, en lugar de dos?

Podrías optar por otras soluciones haciendo un cambio de enfoque. Si todas se quedan cerradas con llave por la noche, podrías dejar eso que quieres llevar junto a las llaves que necesitarás para salir. Resuelto. ¿Pero y si cuando debes llevártelo es por la tarde y no a primera hora, cuando no todas las puertas estén cerradas con llave?

Imagino que tu casa no tiene ocho puertas, aunque seguramente en algún caso me equivocaré. Pero las diferentes situaciones que se te presentan a diario guardan más relación con este último ejemplo que con el primero.

Tener un gran número de recordatorios relacionados con todo lo que has tomado la decisión de hacer, implica que en algunos casos esos recordatorios podrían estar en un sitio evidente para verlos cuando necesites verlos —como en el ejemplo de la puerta de tu casa— y en otros no tanto —como en el ejemplo de disponer de ocho puertas de acceso—. Y además todos esos sitios podrían ser diferentes entre sí.

Tratarlos todos de forma independiente buscando el mejor lugar para cada uno de ellos puede tornarse misión imposible. Sería una solución tan poco eficiente como insostenible, por no decir que sería imposible poder revisarlos todos en un momento determinado porque estarían repartidos por quién sabe dónde. Una solución elegante a esta heterogeneidad se basa en disponer de un soporte donde se encuentren todos o la mayoría de ellos, que puedas consultar en todo momento y lugar en que necesites verlos. El dónde lo pongo pasaría entonces a tener una respuesta evidente.

Sin embargo, esto añade una necesidad a la situación anterior. Una necesidad sencilla y esencial que, al mismo tiempo, supone una barrera difícil de superar para muchas personas que se acercan a GTD®.

Tus recordatorios dejan de estar en tu puerta. No te los encontrarás de bruces cuando vayas a salir. No sonará una alarma mágica en el lugar y momento exacto para recordarte que tienes que hacer algo. Eres quien deberá acudir en su busca. Ahora es necesario que revises ese soporte de forma sistemática antes de ponerte a hacer algo, o en momentos estratégicos en que tu situación cambie. Los recordatorios no se presentarán solos ante ti.

Este hábito, el de revisar las partes de tu sistema que tiene sentido en cada momento de forma sistemática antes de ponerte a ejecutar, es el que de nuevo trae la puerta de tu casa a ti. Una única puerta, un único lugar en el que de nuevo puedes confiar. Aún necesitarás organizar adecuadamente tu sistema para ponerte fácil ver lo que tiene sentido en cada momento, y no ver el resto. Sigue existiendo un dónde lo pongo, pero te garantizo que lo dominarás a muy corto plazo con un poco de práctica.

Conversación sobre Things3, Todoist y OmniFocus

Fiel a su publicación quincenal llega un nuevo episodio del podcast Aprendiendo GTD.

En esta ocasión hemos hablado sobre tres de las aplicaciones más conocidas para gestionar tus listas en GTD®: Things3, Todoist y OmniFocus.

La idea nació de una de nuestras frecuentes bromas internas. En un principio, el episodio debía basarse en crear un debate entre tres fervientes usuarios de cada una de ellas. Sin embargo Pablo, fiel usuario y miembro muy activo en la comunidad no oficial de Todoist en Telegram, sufrió un pequeño accidente del que ya está recuperándose pero que le impidió finalmente tomar parte en la grabación.

Algún día volveremos sobre Todoist para que pueda hablaros de todas sus bondades. Entre tanto, el nuevo episodio está en el aire.

3 entre 300

Cada poco te enfrentas a situaciones que te molestan. Te enfadan, te disgustan, te decepcionan. Y claro, te dejas llevar por ese tipo de sentimientos. Es humano. Y que sea humano es, además, la justificación perfecta.

Sin embargo, en ninguna de las ocasiones en que te has dejado llevar por ese tipo de sentimientos has conseguido extraer valor. Negatividad, pesar, infelicidad. Es el lugar en que todo pesa pero nada nace.

Has estado en esta situación en 300 ocasiones, en 3000, quizá en 30000. ¿Podrías citar 3 de esas ocasiones en que de ese estado aflorase algo positivo? Solo 3 entre 300, ¿podrías?

Quizá sea inevitable que ante determinada situación te sientas así. Y quizá solo en el momento en que abandonas ese sentimiento sea posible construir. Tenlo en cuenta la próxima vez. Quizá en ocasiones sea inevitable entrar, pero quedarte o salir es cosa tuya.