¿Quién planta árboles?

Hay quien los planta con asiduidad, quien los planta esporádicamente y quien jamás planta árboles.

Depende de qué buscas y qué sacrificarías por ello. De dónde pones tu atención y de tu capacidad de aguante.

Quien pretende un retorno inmediato a su inversión jamás plantará un árbol, buscará algo que no le haga esperar. No se trata únicamente de que la inversión sea mucha o poca, se trata de que esperar un resultado que no puede sacar de su cabeza y no se produce de inmediato le mantiene en vilo.

Un poco más allá están los indecisos, aquellos a quienes no les gusta esperar pero pueden soportarlo. Valoran la inversión de recursos que tendrán que hacer y ven con malos ojos la espera. Cuando les parece que la primera será escasa y no tienen opción al resultado inmediato, en ocasiones acceden.

Al final de la línea se encuentran quienes esperan un resultado concreto, lo desean,  y asumen su coste. No solamente en recursos para iniciar su camino, sino en forma de paciencia para obtener resultados. Se arman de ella, porque saben que es en ella y no en otra cosa donde se encuentra el premio que buscan.

Con el paso de los años es fácil distinguir a qué se ha dedicado cada persona. Los árboles son grandes y es difícil ignorarlos.

Lo bueno es mejor que lo mejor

Parece un pequeño trabalenguas. Lo bueno es mejor que lo mejor. Y a priori parece una observación absurda, nada es mejor que lo mejor.

El problema que presenta lo mejor es que, en muchas ocasiones, no existe de forma genérica. Todo el mundo lo quiere pero nadie lo encuentra. La búsqueda de la mejor decisión que puedes tomar es algo que puede paralizarte, y de hecho en muchas ocasiones lo hace.

Ahora mismo hay miles, millones de vidas que han hecho un paréntesis en busca de la mejor decisión al respecto de algo. Están bloqueadas. Detenidas, aunque el reloj nunca lo haga. Sumidas en una búsqueda infinita.

Solamente conseguirán salir de ese bucle cuando acepten bajar unos milímetros el listón. Mientras que para un deportista de élite esos milímetros podrían suponerlo prácticamente todo, para la mayoría de las personas representan el miedo a perder.

Pasar de lo mejor a lo bueno desbloquea y pone de nuevo en movimiento una vida. Una vez sales del bucle, avanzas, sigues avanzando y vuelves la vista atrás, te das cuenta de que lo más importante era simplemente salir.

Comparativa

Seguramente no te cueste encontrar a quien hable inglés peor que tú. Y si buscas honestamente, tampoco a quien lo haga mejor. Lo mismo te ocurrirá con conducir, con resolver problemas matemáticos o con tu facilidad para captar clientes.

En este caso mejor o peor son comparativas basadas en datos no aprobados globalmente. Al menos en la mayor parte de ocasiones, es subjetividad e individualidad. Opinión sin norma. Tu mejor es el peor de alguien, y existen muchos peores que para ti son mejores.

No existe nada mejor que abrirse a nuevos mejores y peores que pongan en aprietos los tuyos. Cuestionar no es malo, es la puerta al cambio. Lo que no cambia está muerto. Si escuchas mucho y hablas poco, si te abres a lo diferente y le das una oportunidad, te rodearás de vida.

Tres actitudes

Básicamente, existen tres actitudes:

  • Correr a la máxima velocidad, sin volver jamás la vista atrás
  • Correr a toda velocidad, volviendo la vista ocasionalmente para observar al resto del grupo
  • Correr lo más rápido posible, pero manteniendo mayor atención en lo que viene detrás que en lo que hay por delante

En el primer caso, desestimas información que puede ser muy relevante. En el segundo, sacrificas algo para obtener algo. Y en el tercero solamente ganarás velocidad cuando estés por último.

Importa dónde estás. Importa dónde quieres estar. Importa para qué quieres estar ahí. Importa el entorno en que necesitas moverte e importa definir una estrategia de cambio.

El chofer y el pasajero

Este es uno de los aspectos en que Internet lo ha cambiado todo.

Hace años, un pasajero estaba perdido sin chofer. Los lugares a que debía viajar se encontraban a demasiada distancia. Tanta, que caminar no era una opción. Entonces necesitaba un chofer, y su elección para avanzar se reducía a encontrar uno que pudiera pagar.

Esto aplicaba a todo. Para destacar necesitaba un padrino, para publicar un libro una editorial y para ascender en la escala un promotor.

Los choferes marcaban las condiciones en un mundo dependiente de ellos. Y siempre existía la suficiente necesidad para que esa situación se mantuviese intacta.

Pero hoy, un pasajero puede ejercer de su propio chofer. No es sencillo, pero es posible. Hoy dispones de recursos que te facilitan avanzar sin más ayuda que la tuya, solamente atreviéndote. Tomando una decisión y comprometiéndote con ella.

Muchas cosas no han cambiado, pero una que es un auténtico game changer sí lo ha hecho. La imposibilidad ha desaparecido y las disculpas se han desvanecido. Ya no existe poder, existe querer.

Juntos

Es posible que formes parte de alguna gran comunidad que recauda fondos para grandes obras. Por supuesto, a mayor recaudación, mayor impacto o mayor número de obras. Es una pena no superar los límites de lo posible.

Si pretendes captar mi atención, no me muestres lo que podrás conseguir con mi aporte sino lo que podremos conseguir juntos.