Conseguir vs. disfrutar

Seguro que en muchas ocasiones has oído hablar, leído o pensado sobre la posibilidad de llevar un paso mas allá aquello que disfrutas haciendo. Un ejemplo práctico sería tratar de hacer de ese hobby una salida profesional. ¿Crees que es posible tenerlo todo?

Hacer algo que disfrutas cuando te apetece, del modo que te apetece y con quien te apetece, tiene un sabor que las responsabilidades pueden amargar. A más responsabilidades, más puede amargar. Y si deseas conseguir algo que va más allá del puro disfrute, las responsabilidades no tardan en asomarse a tu ventana.

Yo creo que el equilibrio es posible. Quizá puedas sustituir el conseguir vs. disfrutar por el conseguir & disfrutar. Pero para alcanzarlo es necesario mantener el disfrute en la cumbre de tus prioridades, rechazar la responsabilidad eventualmente, y seguir haciéndolo —al menos en ocasiones— para ti en exclusiva.

Si permites que las responsabilidades tomen las riendas, solo te quedará un negocio.

[Nota: dedicado a una persona que sé que lo necesita, aunque estoy convencido de que no es la única.]

Tus opciones

Nos ha tocado vivir una época en que la información fluye a todas horas y por todas partes. Es prácticamente imposible mantenerse al margen ante el aluvión informativo al que este mundo conectado nos somete en cada momento. Tus opciones crecen exponencialmente a cada segundo que pasa.

Es fascinante. Si te gusta la moda puedes estar al tanto de lo que ocurre en New York o París en real-time. Si es la tecnología, puedes seguir todas las novedades de los últimos eventos según se producen en cualquier parte del mundo. Por cierto, ayer dio comienzo la Google I/O y quizá quieras asistir. Sí, asistir, porque puedes interactuar.

Tal flujo satura, por mucho que trates de mantenerlo a raya. Cualquier día normal a las 10:00 o 10:30 de la mañana habrás recibido cientos de notificaciones en tu teléfono, varias llamadas, o decenas de emails.

Tus opciones son ilimitadas. Pero tu atención no lo es. Se agota, necesita un respiro. Necesita conexión y desconexión por intervalos moderados, en lugar de exigentes micro-análisis repetidos hasta el infinito.

Puedes adaptarte y aprender a comportarte de otro modo. Incluso puedes poner el modo avión en tu teléfono, cerrar tu cliente de correo electrónico, y desaparecer del mundo durante un rato para hacer bien algo que de veras importe.

Llegar y mantenerse

Si tratas de comunicar, divulgar, o mostrar algo podría interesarte reflexionar sobre algunas ideas. Da igual que tengas un pequeño negocio y trates de llegar a tus clientes con algún producto, o que tengas un blog y desees llegar a más personas. Es lo de menos. Llegar y mantenerse es lo que cuenta.

El comienzo es obvio: determinar a quién quieres llegar. El colectivo debe ser lo más específico posible, aunque eso signifique que sea reducido. Llegar a todo el mundo no es la mejor idea. Es necesario que encuentres a la persona que lo valore, y para ello necesitas conocerle y tener claro qué le aporta lo que ofreces.

¿Y cómo llegar a tu potencial audiencia? Existen muchas opciones y la más adecuada se basa, de nuevo, en conocer a la persona destino. Quizá Tik Tok, quizá prensa. Quizá un anuncio en la autopista. Depende de qué y para quién.

¿Por qué iba a escucharte, o qué motivo podría tener para no hacerlo? Céntrate en desbloquear. Trata de eliminar los obstáculos que puedan presentarse entre tu mensaje y tu audiencia. Trata de llamar su atención ahora, porque si lo deja para luego podría convertirse en nunca.

Y sobre todo, aporta valor. Un producto, experiencia o mensaje que destaquen. ¿Por qué iba a recomendar tu producto a sus personas cercanas? ¿Por qué iba a marcarle esa experiencia? ¿Y por qué iba a reenviar tu newsletter a sus amistades? La clave no está únicamente en llegar, llegar e irte no aporta. Sin valor no te quedas, y la clave está en llegar y mantenerse.

Aprendizaje y cambio

Aprendizaje y cambio guardan una relación bidireccional difícil de ignorar. El aprendizaje es semilla del cambio, y el cambio del aprendizaje. Aprender para no cambiar carece de sentido, y cambiar sin que ello traiga aprendizaje imposible.

Esta profunda relación puede ser campo abierto y puede ser reja que cierra el paso. El cambio es inevitable, se produce quieras o no quieras, en todo momento y lugar. Pero sigue percibiéndose como un riesgo, enemigo acérrimo de estabilidad y seguridad. Y cuando puedes, de forma más o menos consciente haces lo posible para protegerte y alejarlo de tu vida. Tratas de minimizarlo, y esto incluye eliminar de la ecuación todo aquel factor que puedas relacionar con el cambio.

Si conscientemente tratas de acallar tus miedos y te permites asomarte un momento para ver lo que te estás perdiendo, te darás cuenta de que cerrar las puertas te perjudica más que te beneficia.

Permítete unirte a esa comunidad, deja atrás las justificaciones. No todo el mundo sabe tanto para que te sientas al margen, ni tan poco para que no exista nada que puedan ofrecerte. Sin esos pesados lastres que suponen tus miedos al cambio o al rechazo puedes permitirte entrar, conectar, aprender, recibir, enseñar y aportar. Y cambiar. Aprendizaje y cambio van de la mano, y si existe algo a lo que jamás deberías renunciar es a aprender.

Definir tu trabajo

Es muy común encontrar a personas que se enfrentan a la duda sobre si definir su trabajo es parte de su trabajo. Y más común aún encontrar a otras que definitivamente creen que no lo es. Es decir, relacionan este proceso con una pérdida de tiempo, algo evitable, algo que les roba tiempo para hacer su trabajo de verdad.

Con definir tu trabajo me refiero al proceso de pensamiento y toma de decisiones por medio del cual determinas qué hacer y qué no, cuándo o de qué modo. Y con trabajo me refiero a una visión amplia del término, no únicamente a lo que compete a tu área laboral. Poner a cargar tu coche o ir a la gasolinera a llenarlo de combustible es trabajo, redactar un informe es trabajo e ir al cine a ver una película es trabajo. Y todo ello puede —y debería— verse sometido a este proceso.

Que opines que dicho proceso es necesario y forma parte de tu trabajo, o que opines que es evitable y no forma parte del mismo, es una creencia que se apoya fundamentalmente en otra: que opines que tu trabajo se mide en movimiento, o que se mide en resultados.

Si opinas que tu trabajo se mide en movimiento, hacer bien tu trabajo consiste en moverte. Si opinas que se mide en resultados, hacer bien tu trabajo implica obtener resultados. En el primer caso tienes perfectamente definido qué hacer, así que tienes poco que pensar o pocas decisiones que tomar. En el segundo, determinar qué hacer o no hacer, cómo o cuándo, es la parte más importante y para ello necesitas pensar y tomar decisiones.

La ocupación extrema, las prisas, el presencialismo, la micro-gestión y el hacer-por-hacer se relacionan con la primera opción. Es apariencia sin esencia, es engaño al corto plazo —para con los demás, y para contigo—. No se obtienen resultados más allá de excepciones casuales. Obtener resultados no es algo que se produzca, habitualmente, por casualidad. Se llega a los resultados haciendo aquello que tiene sentido hacer para obtenerlos. Y para ello, es necesario que interiorices y tengas presente en cada momento de tu vida que definir tu trabajo es la parte más importante de tu trabajo.

¿Volverías a hacerlo?

Parte 1

Venga, vamos a sincerarnos. Si cada vez que terminases de hacer algo —sea grande o pequeño— te parases a analizar por qué te has puesto a hacer eso y no otra cosa, y para qué exactamente lo has hecho, ¿En qué porcentaje de ocasiones volverías a hacerlo?

Puedes tomar el día de ayer como ejemplo. La respuesta es para ti, no hace falta que lo sepa nadie más.

Mi consejo: Lleva a cabo este proceso hoy, o mañana, pero haciendo el análisis antes de hacer las cosas en lugar de después.

Parte 2

Si estás de acuerdo conmigo en que es beneficioso someter a un proceso de pensamiento y toma de decisiones aquello que hacemos, y que además es necesario que ese proceso sea previo a actuar para que hagamos cosas con sentido, ahora podemos centrarnos en optimizar la operativa.

¿Qué te parecería hacerlo siempre, para ayudar a generar hábito?
Que nada se escape al proceso y que los recursos que tengas que invertir para ello sean los mínimos.

¿Qué te parecería, incluso, optimizar este proceso trabajando por bloques?
Del mismo modo que trabajan en una fábrica. En lugar de pararte a analizar cada vez que pienses en hacer algo, podrías ir recogiendo todas las opciones que te vayan llegando por diferentes vías y luego, de una vez, someter al mismo todas las que hayas acumulado.

Parte 3

Si le encuentras sentido, necesitarás un lugar donde registrar los resultados de todo ese proceso de toma de decisiones. Guardar lo que quieras guardar y ponerte recordatorios sobre lo que necesites que te sea recordado. Podrás acudir a él para elegir qué hacer en todo momento, trabajando siempre sobre cosas para hacer que ya han sido filtradas. Sometidas a un proceso que te garantiza que las haces para algo. La respuesta a si volverías a hacerlo, será siempre a partir de hoy.

Enhorabuena, has descubierto —una parte de— GTD®. A partir de aquí, tu camino es infinito y apasionante.

Sé más eficaz, parte 2 capítulo 19

De nuevo es viernes, así que una vez más toca ración de David Allen en el blog de Aprendiendo GTD. Esta semana, Sé más eficaz parte 2 capítulo 19. Este capítulo lleva por título Lo mejor es preferible a lo bueno y el autor te propone una competición en la que ganar depende total y exclusivamente de ti. Una competición contra tu propia persona.

Es necesario valor para abrirte por completo, aunque sea de forma privada entre tú y tú. Para dejar al margen tus vulnerabilidades, esas que nadie como tú conoce. Y para hacer caso omiso a esa voz interior que trata de mantenerte a salvo, diciéndote que no podrás o que mejor en otro momento. Tener la actitud y valor necesarios para llegar a este punto ya es una gran victoria.

Si lo haces, ir un paso más allá ya no cuesta. Llega solo.

Si de veras buscas lo mejor y estás en disposición de entregarte, tienes todos los ingredientes necesarios. Determinar qué es lo mejor qué puedes estar haciendo en este momento concreto y en las circunstancias que te encuentres es sencillo, si tienes compromiso y la claridad que le acompañará. Hacerlo del mejor modo que puedas, más aún si ese compromiso te sigue acompañando. Y lograr lo mejor que puedas lograr dentro de tus limitaciones es, prácticamente, consecuencia de lo anterior.

No buscas perfecto. Ni buscas mejor que otros. Ni un podio. Buscas lo mejor de ti, y sólo necesitas querer. El análisis de «Sé más eficaz» parte 2 capítulo 19 en Aprendiendo GTD te espera. Y por supuesto, el libro original.

Tu esfuerzo por atraer

Las redes sociales son un magnífico escaparate para mostrar y dar visibilidad a lo que haces. Para compartir. Para atraer tráfico a un lugar más personal y cuyo control se encuentra en tus manos, como podría ser tu página web o la de tu empresa. Tu esfuerzo por atraer las miradas puede generar grandes beneficios.

Sin embargo, las redes sociales pueden convertirse rápidamente, y sin que te des cuenta, en un fin en sí mismas. Pueden dejar de ser un medio, como sería recomendable en la mayor parte de ocasiones, y absorber tu atención por completo. Tu esfuerzo por impactar, destacar o simplemente establecer algún tipo de vínculo puede volverse en tu contra. Como ocurre siempre, el equilibrio no ocurre por sí mismo y es necesario velar porque se produzca y mantenga.

Si ofreces valor te valorarán. Si no lo ofreces, pasearte ante la multitud en todo momento y lugar puede hacer que se fijen en ti, pero te olvidarán rápidamente. La mejor estrategia para que te vean, te sigan, quieran conversar contigo y sobre ti, y no te olviden de inmediato, es que aportes valor. Si tu estrategia se reduce a dar saltos para que te vean a todas horas, no podrás concentrarte en lo que de veras genera el valor que perdura.

Dar visibilidad al valor es necesario, pero tu esfuerzo por atraer no vale si la gente no se queda contigo.

Impacto en el futuro

El presente modela el futuro. Seguro que estás de acuerdo. Todo lo que haces —y lo que hacen otras personas— transforma el hoy y crea un impacto en el futuro. Y con ello abre las puertas a un futuro que hace un momento era diferente.

El ser humano siempre ha deseado poseer algo más del futuro para prever y prepararse. Anticiparse. Y para ello está atento a todas las pistas, a cualquier detalle que pueda brindarle información útil para actuar en consecuencia. Me ocurre a mí y te ocurre a ti. Tratamos de recoger y analizar todas esas pistas para anticiparnos y actuar, para tratar de que esa presunta ruta se vea alterada evitando ese riesgo o facilitando que se presente esa oportunidad.

Cada año que pasa, cada década, somos más capaces. Disponemos de más historia documentada, de más datos. Y de mejores tecnologías para analizarlos. Cada año ocurre algo inesperado que nos brinda la oportunidad de hacer una nueva corrección. Y actuando creamos impacto en el futuro. Convertimos lo que podría haber sido en algo que seguramente ya no será, abriendo las puertas a un futuro diferente, más parecido a lo que esperamos de él.

Todo esto ocurre, no en base al futuro sino a nuestra percepción sobre él. Nos esforzamos por cambiar algo que aún no existe. Creamos futuro para permitirnos la licencia de prever y anticiparnos. Pero generalmente lo hacemos individualmente, o en pequeños grupos. Prevés y actúas, una y otra vez. Quien está a tu lado hace lo mismo. Y quien está más allá también. Muchas personas y muchos presuntos futuros. Y los bandazos siguen retornando incertidumbre. No te librarás de ella, por mucho que lo desees. Necesitas otra estrategia que te brinde la seguridad y aplomo necesarios. Puedes comenzar poniendo el foco en otro lugar.

¿Para dar hay que tener?

Es posible contextualizar esta pregunta de diferentes formas. Y hacer muchas interpretaciones de la misma. Sí, para dar hay que tener (en cierto sentido). Sin embargo, ¿y si no tienes (nada)?

Esta pregunta lleva a otra. ¿Es posible no tener nada?

Mi opinión es no. No es posible no tener nada. En el momento en que existes, tienes. Puedes no darlo, ni siquiera ofrecerlo. Pero es tu elección personal, no existe una barrera inexpugnable que te lo impida. Más allá de cualquier posesión material, un consejo, una muestra de apoyo o un trato amable o bondadoso es dar.

Para dar hay que tener, pero no en sentido estricto. En ocasiones puedes encontrarte en una situación difícil. Quizá tienes problemas económicos, quizá has enfermado o lo ha hecho alguien cercano, quizá el día está lúgubre y quizá en tu trabajo están recompensando con una decepcionante bronca ese informe en el que has invertido horas y horas y se las prometía perfecto. Quizá no tienes empuje para avanzar, ni siquiera para sostenerte.

Y sin embargo, puedes dar. Puedes sacar de donde no hay y puedes contraer una deuda emocional. Y comenzar a saldarla en el mismo momento en que das, porque dar es recibir. No siempre hay que tener. No dar, siempre es una elección. Y no tener, en muchas ocasiones, una justificación.