Un brindis

Porque la vida es dura por el fin de la amargura,
Brindo porque me olvido los motivos porque brindo.
Brindo con lo que sea que caiga hoy en el vaso,
Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso…

Eso cantaba Andrés Calamaro junto a sus Rodríguez en su tema «Brindo por las mujeres».

Yo hoy brindo por ti y por mí.
Por que encontremos nuestro sitio en un mundo hiperactivo y saturado.
Por que sepamos llevar ese sitio a cualquier lugar.

Por cierto, a ese sitio no llegas al azar.
Búscalo.

Una taza de café

Pequeña, ajustada a una dosis estándar.
Con forma de recipiente, vasija, para alojar café sin derramarlo.
Con un pequeño asa o agarradera, ajustado a su tamaño y peso.

No es un vaso, ni una botella. Ni lo necesita.
Es para tomar un café.
Es una solución adecuada a su propósito.
Sin parafernalia insípida. Sin ausencias necesarias.
Perfecta para tomar un café.

¿Dirías que tus productos, tus comportamientos, tus resultados son como una taza de café?

Fin de semana

Fin de semana.
Momento para relajarse, para un necesario descanso.
Para atender a esos hobbies olvidados, para disfrutar de familia y amigos.

Es sábado, o domingo.
Quizá nos hayamos visto.
Es posible que me hayas atendido en la panadería esta mañana.
O en ese momento en que he ido a llenar el depósito del coche.
Puedes haberme atendido en la cafetería del centro comercial.
O en cualquiera de esas grandes tiendas, cuando estaba de compras.
Puedes haberme ayudado a restablecer mi línea telefónica desde Sevilla.
Incluso haberme atendido en ese bar perdido en el mapa en nuestro día de senderismo en familia.
Quizá, incluso desde el servicio de urgencias del centro de salud cuando mi hijo se encontraba mal.
Puedes haberme asistido cuando necesitaba ayuda.
Y puedes haberme ayudado a cubrir necesidades básicas.
O simplemente haberme resuelto una duda.
Cualquiera de todas ellas, o varias.
O puede no haber pasado, pero que ocurra en el futuro.
Puede que no nos crucemos nunca, pero lo hagas con otras personas.

Quizá te guste tu empleo. O quizá no.
Quizá sólo lo haces porque lo necesitas. O quizá no.
Es posible que creas que tu empleo es muy importante. O no.
O que la comunidad se encargue de decirte cuánto de importante es.
Y puede que les creas, o puede que no.
No importa realmente.

Estás ahí cuando tengo —tenemos— una necesidad, por banal que sea.
Estás ahí llueva o nieve. Siempre.
Sé que estas y me tranquiliza. No le doy mayor importancia.
Y quizá no te he dado las gracias más allá de lo que dicta la buena educación.
Pero quiero que sepas que agradezco profundamente que estés ahí.
Quiero que sepas que eres más importante de lo que seguramente crees.
Yo también estaré aquí si me necesitas.
Gracias.

Naranjas, mandarinas, bananas

Naranjas o mandarinas.
Plátanos macho o bananas. Plátanos de Canarias.
Manzanas Golden o Gala.
Ni mejor ni peor. Depende para qué. Depende del momento.

Más grandes, más pequeñas.
Más verdes o más maduros.
Ni mejor ni peor. Depende para qué. Depende del momento.

iPad u ordenador. Smartphone.
Portátil o sobremesa. Con o sin monitor panorámico.
Ni mejor ni peor. Depende para qué. Depende del momento.

Siguientes acciones de una lista u otra. Vinculadas a un área u otra.
De 60′ o de 10′. Que requieren de mayor o menor energía.
Ni mejor ni peor. Depende para qué. Depende del momento.

Mi opinión no cuenta

Tu opinión es huérfana. Has tenido esa sensación, seguro.
Va unida a otras. No me escuchan. No me valoran ni respetan.

Y no aciertas a comprender porque ocurre.
Te esfuerzas por ofrecer soluciones coherentes. Las mejores.
Desde que ha comenzado la conversación tu cerebro ha rescatado decenas, cientos de opciones. Y las ha evaluado, enfrentado y filtrado a velocidad record.
Mientras, hablaban.
No pueden haber hecho un análisis exhaustivo como tú.
Y sin embargo, tu contribución no despierta interés.
Les falta perspectiva. Y sentido común. No es tu culpa.

Valorar y respetar es escuchar.
La próxima vez irá mejor.
Pruébalo.

Retener talento

Llamar y retener al talento va más allá de sacar la billetera.
Consiste en balancear equilibrios, ofrecer retos y oportunidades.
Dibujar un propósito y permitir que sea común. Asegurar que lo sea.
Incentivar desarrollo, crecimiento, espíritu de superación y aporte.
Aplaudir cada obstáculo superado y logro alcanzado.
Canalizar la energía, cohesionar, desbloquear el avance.
Guiar, apoyar, orientar, acompañar mirando siempre al propósito.

Retener el talento no es evitar las fugas.
Evitar fugas es reactividad, poner parches.
Retener el talento es crear un marco donde las fugas no tengan cabida.
Construir algo que nadie quiera perder.
Es proactividad, guía y propósito.

Su significado lo condiciona todo

El diagrama de flujo para Aclarar en GTD® comienza con una pregunta crítica:
«¿Qué significado tiene esto para mí?»

Una pregunta incomprendida y olvidada. Una respuesta necesaria.
Si respondes mal, tomarás decisiones partiendo de información incorrecta o incompleta.
Y esto equivale a tomar decisiones, cuanto menos, mejorables.

¿De dónde ha salido esto? ¿Es algo conocido? ¿Algo nuevo?
¿Es algo relevante? ¿Algo insulso?
¿Es una idea? ¿Una petición? ¿Una alerta? ¿Una oportunidad? ¿Un riesgo?
¿Algo que quiero o necesito recordar? ¿Algo que necesito saber? ¿Para qué?
¿Condiciona mi avance? ¿Me frena? ¿Podría impulsarme?
¿Cómo ha llegado a mis manos? ¿De cuándo data?
¿Me sirve para algo? ¿Podría servirme en el futuro?
¿Lo he capturado yo? ¿Otra persona? ¿Quién?
¿Qué implica que me lo haga llegar esta persona y no otra?
¿Qué implica que me lo haga llegar a mí y no a otra persona?
¿Qué relación nos une? ¿Lo tendrá alguien más? ¿Quién?
¿Por qué me lo envía? ¿Para qué lo hace? ¿Me pide algo? ¿Qué exactamente?
¿Por qué vía lo hace? ¿Por qué por esa?
¿Despierta algún tipo de emoción en mí? ¿Cuál/es? ¿Por qué?
¿Con qué área de mi vida se relaciona?
¿A quién o quienes involucra? ¿Sólo? ¿Y a quién más? ¿En qué medida?
¿Necesito prestarle atención? ¿Debo hacerlo? ¿Por qué motivo?…

Todas estas preguntas pueden ser relevantes. Y muchas otras.
Tu maravilloso cerebro se pone en modo brainstorming a recabar información, generando pequeños extractos que se fusionan en un todo.
Y conforman una respuesta a «¿Qué es? ¿Qué significado tiene para mí?» con sentido. Con tu sentido. Para tu persona y para tu vida. Aquí y ahora.

Todo ocurre de forma intuitiva, en décimas de segundo. No eres consciente pero ocurre.

Respeta esta pregunta. Valórala. Apréciala. Aprovéchala. No la subestimes.
Hay más, pero esta es LA PREGUNTA, en mayúsculas.

Las posteriores «¿Es accionable? ¿Requiere acción?» se llevan curiosamente todo el protagonismo, llegando muchas personas a saltar directamente a ellas sin una respuesta a —o sin haberse formulado, incluso— la primera.

¿Quiero hacer algo ahora, lo antes posible? ¿Y si no lo hago?
¿Debo o necesito hacerlo? ¿Para qué?
¿Hay un plazo? ¿Vence? ¿Y cuándo vence?
¿Qué ocurriría si vence? ¿Quién y cómo se verá afectado?
¿Me beneficia actuar sobre ello? ¿En qué sentido?
¿Beneficia a otras personas? ¿A quién? ¿De qué modo?
¿Perjudica a alguien? ¿A quién? ¿En qué sentido?
¿Qué ocurriría si lo ignoro? ¿Y si lo pospongo? ¿Puede esperar?
¿Me atrae la idea de hacer algo con ello? ¿Por qué me atrae? ¿Y para qué?
¿Qué resultado esperaría? ¿Qué me aportaría?…

Preguntas que generan respuestas también necesarias.
Pero evidentes, dependientes, condicionadas.

Es necesario saber quién eres para saber qué significan las cosas para ti.
Igual de necesario que saber qué significado tiene algo para ti para saber si quieres/debes/necesitas hacer algo al respecto.
Sin «¿Qué es?» no hay «¿Es accionable?» ni «¿Requiere acción?».
No con sentido.

Que tu intuición trabaje con una formación previa cobra enorme relevancia para que las preguntas sean sencillas y las respuestas evidentes.
Que sepas qué quieres, qué esperas de tu propia persona y de otras, a dónde quieres llegar. Y dónde estás ahora.
Sin claridad sobre todos estos datos las respuestas son vagas y las decisiones que parten de ellas están corruptas.

Estas respuestas dibujan la línea que separa tu intimidad del resto del mundo.
Son lo que te diferencia, lo que convierte tus decisiones en tuyas.
Son la antesala de lo que haces, de lo que reflejas y de lo que construyes.
La puerta a tu comportamiento. Tu oportunidad para ser coherente.
Estas respuestas te definen inequívocamente. Esas respuestas son tú.

Digitalizarse es renacer

Digitalizarse no es una opción, es una necesidad.
Una alternativa a la lenta agonía.

Digitalizarse no es tener una página web.
Ni es tener presencia en Internet.
No es desarrollar mínimamente tus competencias digitales.
Tampoco es tener la capacidad de trabajar en remoto.
Ni siquiera es tener la capacidad de desarrollar redes o relaciones fuera de tu alcance físico.
Digitalizarse es todo ello y más.

Es adaptarse a una época. Es existir en tu época.
Digitalizarse es renacer.

Agendas

¿Alguna vez has pensado en tener una lista de recordatorios por persona de trato frecuente?

Tus compañeros y compañeras de trabajo, tu jefe, tu equipo, tu pareja, la reunión semanal de departamento.
Una lista para cada persona o colectivo.

¿Y si cada vez que necesitases tratar un asunto con esa persona lo apuntases en su lista?
¿Y si esas personas hiciesen lo mismo y tuvieran una lista con tu nombre?

Sin levantarte de la silla cada cinco minutos.
Sin interrumpirles diez veces diarias.
Ni ellas a ti.
Solo una, o dos.
Trabajar con sentido.
Economizar.
Respeto mutuo.

Un negocio es un intercambio de intereses

Un negocio no es más que eso, un intercambio de intereses.
Un intercambio en que cubres una necesidad a cambio de una compensación.

¿Qué ofrezco y cómo?
¿Quién lo necesita?
¿Quién más ofrece lo mismo?
¿Cómo lo hace?
¿Qué pide a cambio?
¿Quién se lo compra?

Distínguete.
Cubre necesidades concretas. Especialízate.
Estudia la oferta. Compárate. Mejórala.
Conoce a tu público.
Utiliza tus compensación para abrir o cerrar mercado.
Conviértete en alguien que te interesaría comprar.