Detalle irrelevante y cambio inducido como prueba de expertise

Si tienes un alto nivel de conocimiento y expertise sobre una materia concreta que a muchas personas interesa y pocas conocen de cerca, dedicarte a repartir conocimiento seguramente podría adjetivarse como algo relativamente sencillo.

Sin embargo, a medida que el porcentaje de potenciales personas interesadas decrece y el de personas expertas aumenta, el relativamente sencillo inicial pasa a convertirse en otra cosa. La posición dominante deja de serlo por defecto y el error, que antes pasaba inadvertido, ahora se paga.

No todas las personas que llegan a encontrase en esta situación reaccionan del mismo modo. Algunas encuentran en esta situación una oportunidad para aprender y avanzar. Otras, sin embargo, encuentran una amenaza y adoptan la estrategia fácil encaminada a diferenciarse a cualquier precio.

Dos de las apuestas frecuentes en este tipo de casos se basan en el detalle irrelevante y en el cambio inducido. En el primer caso, trata de aprovecharse un nivel exhaustivo de detalle —con frecuencia de nulo valor añadido— como demostración de expertise. En el segundo, se va aún más allá y se fuerzan determinados cambios —con frecuencia erróneos, difusos, o cuanto menos asentados en una base más que cuestionable— para una vez más, marcar la diferencia.

Siempre, el perjuicio se lo lleva la parte más vulnerable. Aquella que se acerca al referente desde una posición humilde y abierta, que reclama y aplaude su consejo sin capacidad para —ni intención de— cuestionarlo. La parte vulnerable que lo es porque levanta barreras y confía.

Si te quedas al lado de la parte vulnerable quizá no destaques, o quizá sí. Depende en qué. Si lo haces por convicción, quizá te importe poco. Pero más allá de ello, se encuentra una pregunta y su respuesta. ¿En qué y a qué precio quieres destacar?

Relaciones

No es un secreto que las relaciones artificiales, las de conveniencia, nunca me han atraído. Tampoco que, en casos como este, alejarme de lo que no me resulta atractivo juega en mi contra.

Vivimos un momento en que las relaciones es el valor más preciado de la práctica totalidad de profesionales. De personas, en general. Y sin embargo, las magníficas oportunidades que desde hace años se han abierto ante nosotros con la aparición y expansión del mundo tecnológico han facilitado el crecimiento de nuevos tipos de relaciones.

Una muy extendida se basa en el intercambio de intereses, sin más. El intercambio es la relación, no existe nada detrás. Comparto lo que publicas para que tú compartas lo que publico. Te elogio para que tú me elogies. Te sigo para que tú me sigas. Y con ello se pierde el valor de la recomendación, del elogio, del seguir por el valor implícito más allá de obtener un número más.

Son relaciones, pero no de las que unen. Es la relación del número. Es la relación del me gusta porque espero obtener algo a cambio. Son relaciones por las que no apuesto, aunque mantengan el mundo en movimiento.

Yo busco otras. Reales. De las que crean un vínculo en mayor o menor medida, de las de un ¿puedo hacer algo por ti? honesto y sin peajes.

Y como ocurre siempre, querer algo es gratis pero obtenerlo siempre tiene un coste. Yo he decidido arrancar. Así que antes de que finalice el año abriré en este blog una nueva sección en que mensualmente liberaré algunos bloques de calendario de 30′ para que puedas agendar una reunión conmigo. Si quieres consultarme o pedirme algo, charlar sobre efectividad o GTD®, o simplemente pasar un rato, aquí estaré.

Inmediatez

La inmediatez es, en general, una necesidad artificial. Una necesidad creada por el ser humano que, sin darse cuenta, avanza rápida y ciegamente en todas direcciones sin saber para qué.

Un hervidor de agua es útil cuando buscas inmediatez. Cuando no, su aporte de valor es mínimo. Insustancial. Nada nuevo.

La pregunta es, ¿tanta prisa para llegar dónde?

Para quépara llegar dónde son cuestiones evitables en un mundo que no se detiene ni para tomar impulso.

Decepcionante mirada atrás

Hacer algo sin dedicar un momento previamente a pensar para qué lo haces tiene consecuencias nefastas. Olvidar dar una mirada atrás y otra adelante, cada cierto tiempo, es garantía de desastre.

En el hipotético caso de que dispusieras de tiempo y energía ilimitados, probablemente las consecuencias no adquirirían un tono dramático. Pero lamentablemente te ha tocado vivir en una época en que tus opciones son prácticamente ilimitadas, y tu tiempo y energía escasean.

Esto motiva que, con el paso de los años, cuando un día mires atrás podrías descubrir que has dedicado tu vida a las cosas más insustanciales que puedas imaginar. El único modo para tratar de evitar que esto ocurra es filtrar aquello que tomas la decisión de hacer, consiguiendo establecer un vínculo coherente con un propósito más elevado que dote tu camino de sentido.

De hecho, son dos las habilidades que serán tus mejores compañeras de viaje:
Una, es tener claro ese propósito. Otra, trabajar tu capacidad para conseguir alcanzar la esencia de todo aquello que te rodea, ser capaz de ver más allá de envoltorios y evidencias.

En el primer caso tendrás claridad sobre el lugar al que quieres que tus actuales opciones te acerquen. En el segundo, mejorarás tu capacidad para comparar qué pueden aportarte. Si dominas el primero de estos puntos, las probabilidades de que disfrutes una vida plena se disparan. Si dominas ambos, enhorabuena. Esa decepcionante mirada atrás se ha borrado de tu futuro.

La ventaja del camino inexplorado

A lo largo de tu vida tomas decisiones. Todas esas decisiones, de mayor o menor relevancia, trazan un camino único que nadie más conoce. Solamente tú. Y te ayudan a acumular un conjunto de experiencias que nadie más acumula. Solamente tú.

Esa ruta única te separa, a cada minuto que pasa, del resto de personas. Te convierte en una persona que atesora diferentes experiencias y aprendizajes comunes en formas y porcentajes únicos.

Cada vez que te enfrentas a una ruptura en tu camino, cada vez que se bifurca y debes optar por una de varias opciones, asumes un riesgo. Y al mismo tiempo, tienes la oportunidad de diferenciarte aún más del resto. Puedes optar por hacer lo que hace casi todo el mundo. Eso brinda seguridad, anonimato, justificación fácil. Pero la ventaja del camino inexplorado es que puede convertir lo único en total y absolutamente excepcional.

Lo que dicen las no-palabras

En muchas ocasiones, las palabras no son necesarias. Como ejemplo, te dejo una banda sonora para esta entrada. Una banda sonora de no-palabras.

Escúchala ahora, si puedes. La entrada puede esperar, estará aquí siempre. Pero esa banda sonora tendrá un significado diferente si la escuchas en otro momento. Siempre será la misma, pero tu percepción no.

¿Qué te dice?

Sea lo que sea, estás en lo cierto. Es la magia del mensaje sin palabras. Pero no todos son así.

Hay muchos mensajes sin palabras que no son tan abiertos. De hecho, en ocasiones son totalmente cerrados. Dicen algo único, ninguna otra opción más que esa será correcta. Solamente esa.

Si no escuchas con todos tus sentidos, no los oirás. El mensaje se perderá. Practica la escucha activa de palabras y no-palabras, porque cuando el mensaje se pierde no suele regresar.

Ponle Wifi a tu restaurante

Año 2010. Imagina que tienes un restaurante. No es el mejor del mundo, pero se come bien.

La gente viene, come, paga, y se va. Es un intercambio justo. Después de todo, ¿a qué va la gente a un restaurante?

Te gustaría ver crecer tu clientela pero precisamente porque solo es bueno, dentro la media, es complicado captar nuevos comensales sin importantes inversiones publicitarias. Esas inversiones publicitarias también constituyen un intercambio justo. Profesionales del sector se ocupan de posicionar o hacer visible tu negocio a cambio de un precio.

Pero tienes una opción que te costará menos. Ponle Wifi a tu restaurante. Así le brindarás un servicio extra a tus clientes a cambio de una inversión mínima. Lo apreciarán, es el momento ideal. Las conexiones móviles aún no ofrecen grandes cantidades de datos a bajo coste.

Probablemente, aunque para determinado sector resulte atractivo, no recibas demasiados clientes nuevos por el mero hecho de tener Wifi gratuito. Pero si combinas la conexión inalámbrica con una nueva y sorprendente presentación de algunos de tus postres, es posible que tus clientes publiciten tu negocio. Quizá aprovechen la conexión gratuita que les brindas para mostrarle al mundo cómo les ha sorprendido ese postre. Eso llamará a más clientes. Publicidad a bajo coste, con poco esfuerzo.

Podría funcionar. Te saltarás la cadena, conseguirás publicidad de calidad prescindiendo de los profesionales del sector y ahorrándote un buen puñado de dinero.

Ahora que tu restaurante ha despegado, analiza bien qué ha ocurrido. Y sobre todo, piensa en cómo evitar que otras personas se salten la cadena como tú has hecho y conviertan tu restaurante en un medio prescindible que pueda rodearse. Que no se te olvide aprender del éxito.

Consciencia y esfuerzo

Un breve discurso de menos de 60 segundos, de Sundar Pichai:

Imagina que la vida es un juego de 5 bolas que manipulas en el aire, tratando de no dejarlas caer. Una de ellas es de goma, y el resto de cristal. Las cinco bolas representan: trabajo, familia, salud, amigos, alma.

No pasará mucho tiempo antes de que te des cuenta de que el área representada por la pelota de goma es el trabajo. Cada vez que caiga rebotará, mientras que el resto de bolas —de cristal— no volverán a su forma anterior si caen. Se dañarán, magullarán, romperán, e incluso estallarán.

Es necesario que seas consciente de ello y te esfuerces.

Administra tu trabajo de modo eficiente durante las horas de trabajo, tómate el tiempo necesario para sincerarte de verdad, invierte el tiempo necesario en tu familia y amigos, descansa adecuadamente y cuida de tu salud. Si te escapas, no será fácil retornar al estado anterior.

Fuente: Linkedin

Un discurso de los que quedan perfectos en una actualización en las redes. Las personas lo leen, les gusta, lo comparten.

¿Alguien piensa sobre ello? ¿Hará algo? ¿Se acordará mañana, tras leer la novedad del día?

¿Qué dicen?

Mientras avanzas, es importante prestar atención a qué dicen sobre lo que haces. Las reacciones externas importan.

Muchas personas dicen algo sobre ti, con o sin palabras. Su comportamiento habla en su nombre.

Tus clientes lo hacen, cuando compran tu producto o servicio.
Tu audiencia lo hace, cuando reacciona (o no) a tus movimientos.
Tu competencia lo hace, cuando te critica, imita o ignora.
Las personas que te rodean lo hacen, cuando te animan o simplemente callan.

Ten en cuenta que a tu cliente, a tu audiencia o a tu competencia, no les importas en absoluto de forma predeterminada. Están ocupados pensando en ellos mismos. Por eso, si consigues arrancar reacciones, es importante escuchar qué dicen. Y quién lo dice. Podrías aprender algo nuevo sobre quién eres.

[Respuesta al acertijo de ayer: Si le preguntas al otro guardia cuál de las puertas me llevaría a la libertad, ¿qué puerta indicaría?]

Las dos puertas

Hoy te plantearé pensar de un modo diferente. Con un acertijo, el de las dos puertas. Quizá lo conozcas. De no ser así, si no consigues llegar a la solución o si quieres comprobar que sea correcta, te la dejaré en la entrada de mañana.

Te han encerrado en una habitación en que solo hay dos puertas. Hay un cartel que indica que una de ellas te llevará directamente a la libertad, mientras detrás de la otra te espera una muerte segura. Y hay dos guardias, cada uno de ellos custodia una puerta.

Uno de los guardias siempre dice la verdad, y el otro siempre miente. Puedes hacer una única pregunta a uno solo de los guardias. ¿Qué pregunta te garantizaría saber a dónde te lleva cada una de las puertas?

Fuente: Dentro del laberinto