El no también suma

El no se percibe como algo negativo. De hecho, es negación. Hay determinados ámbitos donde pretende censurarse —y se censura— el término. Sin embargo el no también suma.

Existen muchas situaciones en que llegas a un claro tras evaluar una serie de noes. Determinar a qué decir no es avance y guía. Los noes funcionan como un embudo, en que cada pequeño avance te acerca a la dirección correcta.

En el proceso de aprendizaje, el no es tan importante como el . Saber qué es no es el fin, es medio recorrido. Conocer los noes relacionados con ese , y el motivo que los convierte en no en lugar de es el resto del camino y puerta a la maestría.

La condena cierra puertas y las puertas están mejor abiertas. Puedes aprender mucho del no.

El estándar

En ocasiones, la disponibilidad de diferentes opciones es beneficiosa. Sin embargo en otras, el estándar gana la partida (no para siempre) y deja de medirse contra otras opciones para medirse únicamente contra sí mismo.

Existen muchos casos en que la primera opción es más beneficiosa para casi todo el mundo. Es la situación más común. Y existen otros en que la competencia ocupa posiciones tan por detrás, que no existe competencia aún existiendo competidores.

La segunda situación se está dando ahora con el mundo de la mensajería RCS.

Google empuja con fuerza y varios grandes actores, como AT&T o Verizon, están sucumbiendo a su propuesta. El estándar beneficia hoy unificando criterio a la fuerza. Y beneficia mañana, aumentando apuesta y premio para quien ose dar un salto cualitativo que suponga una competencia real. ¿Adivinas a quién se dirigen las miradas ahora?

Cambio, enemigo y aliado

La vida es cambio, de eso no cabe lugar a dudas.

Y dado que el cambio es una constante en tu vida, la actitud con la que afrontas el mismo es una variable que tiene una transcendencia desmesurada sobre cómo te sientes o comportas.

Cuando visualizas un resultado y te encuentras tratando de avanzar hacia el mismo, algo cambia. Todo el tiempo. En ocasiones, el cambio te impulsa y beneficia. En otras te paraliza o desvía. Hay ocasiones en que tú produces cambio y ocasiones en que se produce al margen de lo que hagas.

Tu actitud sana, la práctica que te beneficia, siempre se encuentra tras el cómo que vive a la sombra del para qué.

El para qué te diriges a donde te diriges es la clave fundamental a la que cada movimiento que hagas debería estar sometido. Y con cada cambio relevante en el camino tu para qué podría verse de algún modo alterado, por lo que es necesario que lo sometas a una evaluación constante.

Con tu para qué claro, el cambio da paso al cómo. ¿Cómo regreso a mi rumbo deseado? ¿De qué modo (cómo) sigo avanzando hacia mi meta? ¿Cómo reconduzco esta situación?

Con demasiada frecuencia las personas se desvían hacia el porqué. El porqué es victimismo en general. Tiene su utilidad, pero no hoy, no ahora. Tiene utilidad a futuro. El análisis post-mortem de una situación puede brindarte información para evitar que determinados cambios o sus efectos indeseables no se produzcan de nuevo, cuando esté en tu mano.

Sin embargo, lo que te interesa hoy, ahora, es reconducir la situación y seguir avanzando hacia lo que tienes claro que deseas que ocurra.

Metodologías como GTD® te ayudan, a través de tu trabajo en una serie de hábitos y comportamientos, a centrarte en el para qué y en el cómo, dejando en un segundo plano el porqué. Y lo hacen asumiendo que todo cambia, todo el tiempo.

Dos extremos

Cuando estás evaluando una situación o un plan de futuro existen dos extremos que son realmente útiles. Ambos lo son por igual, más que cualquiera de los supuestos intermedios entre ellos.

El primero se basa en la visión optimista pero realista, en ver y sentir cómo se sentirá un éxito rotundo. Es el extremo motivador, fuente de creatividad y grandes ideas que podrán ayudarte en tu camino.

El segundo se basa en un enfoque diferente pero igualmente útil. Pensar sobre qué puede salir mal o que obstáculos puedes encontrar en tu camino te ayudará a prever situaciones indeseadas y anticiparte a ellas.

En ambos casos puedes extraer información muy valiosa. Recuerda que coexisten dos caras, siempre. Y prepararte del mejor modo posible pasa por conocer ambas.

Squoosh App

Hoy te dejo una de esas pequeñas utilidades que en un momento dado podrían hacer tu vida más sencilla: Squoosh App.

Se trata de un servicio web de Google a través del cual, de forma muy rápida y sencilla, puedes convertir una imagen entre formatos. Al mismo tiempo, permite modificar su peso y tamaño.

Nada espectacular; hay muchas pequeñas aplicaciones que hacen esto. Pero Squoosh lo hace muy bien, puede reducir incluso el tamaño de la paleta de colores, y lo mejor es que soporta los nuevos formatos como WebP.

Consenso

Si estás haciendo algo realmente grande, algo que realmente produce cambios relevantes, no le gustará a todo el mundo. Ni siquiera a la mayoría, al menos por ahora. El trabajo honesto pocas veces ha sido plato de gusto de las masas.

Tener en cuenta el perfil de quien lo elogia y el de quien lo detesta o critica, te dará pistas sobre qué tipo de cambio puede arrancar, la potencia de su impacto y a qué nivel puede manifestarse. Analiza, pero no te detengas.

La mayoría, o todo el mundo, puede llegar después. Y el consenso. Si llegan. Pero no son necesarios. Muchas personas esperan lo que se puede esperar, lo continuo, lo predecible. Enfócate en el resto. Centrarte en el consenso es garantía de fracaso. Excepcional y universal se repelen al primer choque.

Periodicidades: inversión y retorno

Las periodicidades… esas fantásticas aliadas que tanto aportan a tu vida. O quizá no. Inversión y retorno pueden ser muy dispares y si no te detienes a realizar un análisis consciente, a enfrentar esos factores, podrías estar cometiendo un tremendo error. Por supuesto, mayor a mayor sea la inversión o menor intervalo entre repetición y repetición.

  • ¿Te has parado a pensar cuántas horas supone de coste al año algo a lo que dedicas 10 minutos cada día? ¿Qué te aporta?
  • ¿Has pensado que ese gasto de €14,99 al mes supone casi €180,00 al año? ¿Cuántos tienes de este tipo? ¿Qué porcentaje suponen de tus ingresos totales? ¿Qué aporta cada uno?
  • ¿Has tratado de sumar tus rutinas diarias o semanales y comprobar qué porcentaje de tu tiempo inviertes en ellas? ¿Piensas habitualmente sobre qué podría ser prescindible o mejorable?

Una decisión jamás debe estar grabada en piedra. No existe la necesidad, ni es recomendable. Re-evaluar con cierta regularidad algunas de las decisiones que has tomado en el pasado —y que mantienen su impacto en tu presente y futuro— puede convertirse en la inversión de mayor retorno que hagas en tu vida.

A más inviertes, más necesario es que mantengas control sobre tu inversión. El entorno cambia, tú debes hacerlo con él. Sin cambio no hay nada. Sin control tampoco.

A qué renuncias, y qué obtienes

Permíteme recomendarte una película: Nomadland.

Desconozco si ya la has visto, y desde luego no puedo garantizarte que te guste. Pero sí creo que puede ayudarte a pensar. Se trata de una película cargada de historias de renuncia.

Si un día decides invertir 20 o 30 minutos en ti, puedes hacer un ejercicio. Sólo necesitarás un folio y un bolígrafo.

Coloca el folio apaisado, en horizontal, y traza una línea en medio de modo que lo dividas en dos partes relativamente simétricas de una medida A5. Piensa acerca de tu vida actual y lista a uno de los lados todo aquello significativo que hoy la llena. Al otro lado, haz lo mismo con todo aquello destacable que te estás perdiendo.

Cuando hayas terminado, comprueba si cambiarías algo de lado. Seguramente no querrás renunciar a nada de lo que tienes, pero es muy probable que sí quieras obtener algo que no.

Nadie puede tenerlo todo sin renunciar a nada. Y en ocasiones, tener algo vale más que mil renuncias. Lo importante no se encuentra en qué tienes o a qué renuncias por ello. Lo importante se encuentra en dar respuesta honesta a esa pregunta: ¿Cambiarías algo de lado?

Dos caras, siempre

Es necesario que lo tengas en cuenta. Coexisten dos caras, siempre. De todo.

– Si es de día, en unas horas será de noche. Y viceversa.
– Las personas que conoces se comportan de un modo diferente, bajo determinadas circunstancias.
– En otro lugar del mundo es invierno, aunque en tu ciudad es verano.
– Eso que estás pensando tiene un lado positivo, y otro negativo.
– En ocasiones piensas y tomas decisiones, en otras actúas de forma impulsiva.

Añade lo que quieras a la lista. No es necesario que busques ejemplos en que detectes inmediatamente sus dos caras, lo hagas o no están ahí. Para cualquiera que se te pueda ocurrir.

Tener esto presente te ayudará a evaluar y tomar mejores decisiones, a equilibrar la balanza o a decantarte por un lado. Cuando no detectes una segunda cara, dale otra vuelta. Existe.

Público o privado

Hay ocasiones en que te guardas algo para ti. No está listo para abandonar tu protección y pasar a manos del mundo. Y otras en que lo sacas, lo entregas, lo depositas al alcance de una audiencia mucho más amplia.

Un escritor difícilmente publicará un capítulo de una novela que tiene a medias.
Seguramente no entregarás un informe de gran relevancia a tu superior sin haberlo revisado.
Una panadería raramente vende pan que no ha pasado por el horno.

¿Qué marca tu línea entre público o privado?
¿Que esté terminado? ¿Cuándo lo está?
¿Que sea relevante? ¿Para quién? ¿Dónde está la escala?
¿Que te beneficie? ¿A costa de qué?
¿Que no tengas alternativa? ¿Por qué ibas a no tenerla?

Lo que te guardas, lo que nadie ve y disfruta, no existe. Comienza a hacerlo cuando abres las puertas.