Manipulación

El vigésimo aniversario de Facebook representa el escenario perfecto para analizar el impacto que las redes —y las grandes tecnológicas que hay detrás— están causando en nuestra sociedad.

Eso ha hecho Max Fisher, periodista de The New York Times, en su recién estrenado libro «Las redes del caos».

El autor se muestra especialmente crítico en este sentido, afirmando que «las redes sociales profundizan drásticamente la indignación moral, amplifican la rabia y amplían a quién la diriges» o que «una red social puede ser extremadamente eficaz para cambiar tu comportamiento, tu sentido del bien y del mal, incluso tu comprensión de la línea que separa la verdad de la mentira».

Su propuesta: desactivar el algoritmo que nos manipula.

En realidad las redes no han descubierto esto, simplemente lo han amplificado. La manipulación existe desde que existe el interés, y se propaga tan rápido como los propios medios de difusión masiva que hemos creado o nuestros conocimientos sobre el modo de perfeccionar diferentes técnicas nos permiten.

Existía y sigue existiendo con la mayor parte de medios de comunicación escrita, por ejemplo, donde la información pasa el filtro de la marcada tendencia sociocultural o política que cada uno de ellos impone. Así, es común extraer conclusiones muy diferentes de una misma noticia según cuál sea la fuente de origen.

Sigue en aumento nuestra cínica tendencia a demonizar al mensajero cuando el mensaje existía mucho antes, y a condenar todo aquello que consideramos ilícito solamente cuando no nos beneficia a nosotros mismos.