El contacto facilita la fusión

Ha ocurrido desde el inicio de los tiempos. El roce termina por resultar en transmisión en ambas vías o, lo que es lo mismo, el roce facilita la fusión. Ocurre con todo, nuestro lenguaje y forma de comunicarnos es un buen ejemplo.

Apenas se aprecia cuando una de las partes se encuentra en un porcentaje altamente desfavorable. Cuando ocurre, es probable que la parte dominante termine por fagocitar a la minoritaria sin apenas acusar su huella. En ocasiones la minoría es fuerte y resiste, pero la resistencia se debilita sin apoyo.

La fricción es un estado eventual. Cualquier entorno tenderá de forma natural a restaurar el reposo. Y ese reposo llegará cuando las partes se unifiquen. Lo que obtengas dependerá de qué mezcles, la proporción de cada parte y la fortaleza de cada una de ellas.

Coloquialmente decimos que todo se contagia.

Ocurre si metes a un creyente entre un océano de agnósticos o de ateos, si dejas caer un chupito de aguardiente en un depósito de agua o si introduces a ese nuevo fichaje, altamente motivado, en una organización donde reina la desmotivación.

Necesitas más creyentes, más aguardiente o más nuevos fichajes con actitud. O que sean mucho más fuertes que el resto. En caso contrario, la balanza siempre se inclinará hacia el mismo lado cuando la fusión se produzca. Aparentemente resulta obvio, pero es común ver una vez tras otra como lo es mucho menos de lo que parece.