Beneficio económico

Aunque existe diversidad de opiniones a este respecto, no cabe duda de que, al menos en parte, una empresa existe para generar un beneficio económico a las partes que la forman.

No tiene nada de malo. De hecho, salvo en casos aislados y excepcionales podría decirse que esa afirmación es de sentido común y a nadie debería resultarle extraña.

Sin embargo, algo que parece lógico puede comenzar a presentar fisuras a medida que se profundiza en las capas inferiores. Una de ellas, muy importante, se basa en el modo de hacerlo.

La justicia reconoce la ilegalidad de Amazon al usar miles de falsos autónomos. La multinacional llevó a cabo un desmantelamiento discreto y anticipado de su modelo de riders, de manera que evitó los despidos oficiales. Los repartidores reconocidos como trabajadores no han recibido indemnización y podrán reclamar individualmente las cuotas a la Seguridad Social solo cuando las sentencias sean firmes, algo que puede tardar años.

Y ese un modo de generar beneficio económico. Un modo censurable, tanto desde el punto de vista moral como desde el legal.

Podría salir peor en otros lugares y frente a otras culturas. Pero no aquí. Y los motivos, fundamentalmente, son dos: estamos demasiado ocupados mirando nuestro ombligo y disfrutando nuestra comodidad, y olvidamos cumplir con la excelente regla de imponer que hacer las cosas mal salga más caro que hacerlas bien.