Promesa

Ayer te recordaba algo que Seth Godin ha venido diciendo desde hace tiempo. Ha dicho muchas cosas. Toda una vida haciéndolo a través de su blog y más de una veintena de libros da para mucho. La plantilla que utiliza este blog es mi pequeño homenaje al suyo, y no puedo dejar de recomendarte su obra.

Cuando profundizas lo suficiente en lo que hace una persona, sobre todo si es mucho como en este caso, comienzas a unir puntos y obtener una visión global sobre la lógica que aplica. Evidentemente existe una evolución a lo largo de los años, pero como en las autopistas, no hay giros bruscos sino curvas abiertas.

En ocasiones puedes comprobar como tus experiencias vitales, aún siendo terriblemente diferentes, te han empujado a un modo de pensamiento muy similar en una gran cantidad de aspectos. En otras ocurre exactamente lo contrario, y ambas enriquecen cuando te detienes a analizarlas. Pero existe un caso especial, uno que merece tu atención más si cabe. Y es aquel en que, partiendo de una persona con la que has comprobado que compartes opinión en muchos aspectos, te encuentras la excepción. El choque frontal, la oposición que hace saltar las alarmas. Ese choque y las premisas que lo han producido se merecen un momento de atención.

Es algo que ocurre, por ejemplo, con esta afirmación:
If you make a promise, set a date. No date, no promise.

O, lo que es lo mismo:
Si haces una promesa, establece una fecha. Sin fecha no hay promesa.

(Puedes leer ese artículo completo aquí).

Hablando en términos de efectividad personal, las fechas son eso de lo que todo el mundo debería tratar de huir. En ocasiones llegan impuestas y son inevitables, pero el objetivo debería ser tratar de minimizarlas. Todo lo contrario a lo que sugiere esta afirmación… o tal vez no.

Dejando a un lado el eje principal representado por la gestión individual de responsabilidad frente a los compromisos (lo haré mañana, porque de lo contrario tal vez no lo haga), hay más detrás de esa afirmación.

Por un lado, es importante reconocer que muchas promesas están —en cierto modo— incompletas si carecen de un compromiso temporal. Te demostraré que puede hacerse es una promesa vaga sin cerrar un horizonte temporal para evaluar si ese compromiso se ha cumplido. ¿Mañana? ¿Dentro de 30 años? Tal vez dentro de 30 años ya haga 25 que he descubierto por mí mismo que, en realidad, puede hacerse.

Por otro, se encuentra lo que en realidad es más importante. Y se encuentra en la puesta en escena. Si haces una promesa… condiciona totalmente la recomendación que le sigue. Y es que la saturación a causa de un exceso de fechas límite —y las consecuencias que esto produce— tal vez no tenga como protagonista absoluta a la fecha límite en sí misma. De hecho, es más que probable que el problema se encuentre en la acumulación de promesas aún no resueltas, más que en la de fechas.

El sobrecompromiso comienza por la acumulación insostenible de compromisos. Y tal vez mucho antes de pensar en cuándo, sería recomendable pensar en las consecuencias de hacer promesas. Somos lo que hacemos y también lo que decimos. Proyectamos una imagen basada en la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, y la promesa es la cúspide de la pirámide en el proceso. Sé firme, pero primero decide con qué serlo.