El tiempo en el centro

Ese es el mayor error que cometemos desde hace muchos años. En el mismo momento en que el trabajo cambió, el foco en el tiempo como uno de los componentes fundamentales en la productividad del individuo también debiera hacerlo hecho. El tiempo en el centro es lo que motiva que hablemos de «gestión del tiempo» o de horas en la jornada laboral.

Ahora, se habla de que la jornada laboral de cuatro días será un éxito si se siguen algunas estrategias, como reducir reuniones que sobran o adoptar modelos de comunicación asincrónica cuando sea posible.

Hay algo que ya sabemos, a lo que seguimos sin prestar atención, y que es clave en un debate de estas características. El tiempo es un factor de peso pero no fundamental, y además lo enfocamos desde una perspectiva contraria a la que realmente puede hacerlo brillar como variable.

Qué hacer y, por tanto, qué no hacer. Qué hacer antes y qué hacer después. Cómo hacerlo para obtener el mejor resultado con la menor inversión de recursos. Todo ello va delante y queda relegado a una posición secundaria cuando ponemos el tiempo en el centro.

Poniendo lo importante primero podremos darnos cuenta de que el tiempo es un excelente recurso para mejorar la toma de decisiones cuando lo invertimos en descanso. La mente despejada, la facilidad para alternar entre actividades de diferentes naturalezas y el bienestar en general tienen un impacto positivo en lo que más importa y, además, aseguran la sostenibilidad de ese entorno en que todas siguen presentes.

Apremia descubrir e integrar todas esas estrategias que impactan en los resultados y la sostenibilidad de las condiciones que los producen. Hace mucho que el tiempo tendría que haber dejado de ser el centro del debate y lo sigue siendo. Por ese motivo ocurre lo que ocurre y no mejorará hasta que nos centremos en aquello que realmente apunta hacia las soluciones.