Con todos y con nadie

Casi nadie las lleva a cabo, todo el mundo las teme. Resultan necesarias más conversaciones incómodas y honestas.

Conversaciones con todos y también con nadie, para adentro, porque para saber qué decir es necesario primero aprender a pensar. Conversaciones sobre si estás en el lugar que has elegido o simplemente en uno al que has llegado, sobre si te has unido porque quieres unirte o simplemente te aterra estar al margen, y sobre si realmente el riesgo no merece la pena o simplemente tratas de convencerte para no asumir el riesgo.

Resulta imposible conversar de forma honesta con todos antes de conversar de forma honesta con nadie.

Probablemente rechazar la integridad sea más sencillo que afrontar las conversaciones difíciles, aún cuando son para adentro. Probablemente ignorar todas esas preguntas sea el único modo de garantizar que todo sigue como todo el mundo espera que siga, y probablemente que todo siga como siempre es lo que casi todo el mundo quiere aunque manifieste otra cosa.

Evitar preguntar es lo mejor. Si preguntas tal vez encuentres respuestas, y una vez las conoces cada día podría convertirse en un duro reto para mantener la inercia y no hacer nada al respecto.

Es una responsabilidad individual. Tuya para contigo y de nadie más, y mía para conmigo y de nadie más. Todo funciona mejor cuando se elige, pero a elegir también es necesario aprender.