Nunca

Nunca interrumpas a alguien que está expresando su dolor.

Puede provenir de la frustración porque tiene un problema que no consigue resolver o de un desencuentro emocional. Puede expresarse en forma de incapacidad o de ira, y puede llevarla a utilizar términos nebulosos, inapropiados o, incluso, en cierto modo poco comprensibles para ti.

Es posible que quiera tu ayuda o tu consejo. Si ese es el caso, te los pedirá.

Solamente existe una cosa, una única cosa, que quiere aunque no te la pida. Que le escuches.

Y solamente existe un modo de ayudarla: escuchándola.

Sin escuchar estarás faltando a algo que espera de ti desde el mismo momento en que ha decidido compartir su dolor contigo. Sin escuchar jamás podrás comprender qué ha motivado ese dolor, ni aprender de él, ni mucho menos ofrecerle soluciones o consejos adecuados si más tarde te los pide.

Escuchar no es solamente escuchar. Es ver, oír, saber detectar los quiebres o cambios de ritmo de la voz y observar los movimientos, la postura corporal o la mirada.

Escuchar es, en realidad, uno de los pilares básicos que sustenta el aprendizaje y la construcción de relaciones.

Y aprender y relacionarnos son dos aspectos sin los que nuestra vida está incompleta. Nunca podrás crecer sin aprender y relacionarte. Y todo comienza por escuchar.