Mitificar crea barreras

Hora de desmitificar… porque mitificar crea barreras. Y no necesitamos crear más, sino derribar algunas de las que existen.

Muchas se han creado en torno a una figura que se ve inaccesible por parte de muchas personas, porque unifica una serie de capacidades que les parecen inalcanzables.

Liderar es arriesgado porque te expones emocionalmente.

Pero ese chico enclenque de tercero con unas gafas enormes que sabe lo que quiere y lo comparte es un líder. Solamente arrastra consigo a una minoría social que se identifica y quiere compañía, no tiene idea de qué significado tienen términos como resiliencia o empatía pero su base más pura le viene casi de fábrica, y se arriesga. Es un líder.

O esa chica solitaria que ansía llegar a su casa para compartir en ese pequeño grupo que ha creado y sigue creciendo, tras el anonimato de una pantalla. Sigue creciendo con personas que se identifican y quieren viajar con ella, que la conocen muy bien aunque no conozcan su aspecto. Es una líder.

Ambos podrán desarrollar muchas habilidades para ser mejores líderes, para atraer a más personas y para fortalecer aún más los vínculos que les unen a ellas. Pero ya son líderes.

Y lo son simplemente porque buscan, tienen claras algunas reglas y se exponen.

Todos somos líderes cuando algo nos importa lo suficiente. Mitificar crea barreras y desmitificar las derriba.

Como dice José, por eso hay tantos líderes sin cargo. Y también por eso tantos cargos sin liderazgo. Porque el foco se pone en las habilidades y se olvidan las necesidades más básicas que van antes que ellas.