Demasiada atención

Es posible que recuerdes, dependiendo de tu edad, una época en que cuando alguien quería contactar contigo llamaba por teléfono a tu casa u oficina. Si coincidía, estabas. Y podía reclamar tu atención al instante. Si no coincidía, en el mejor de los casos podría dejarte un recado.

Esa época ha quedado lejos. Hoy esa misma persona puede llamarte, no a tu casa u oficina, sino al teléfono móvil que te acompaña allá donde vayas. Y puede hacerlo de forma prácticamente gratuita aunque te encuentres al otro lado del mundo.

O puede enviarte un mensaje vía email, SMS, WhatsApp, Telegram, Slack… cualquiera de los cientos de opciones que actualmente tiene a su disposición. Opciones que tienden al infinito.

Y no solamente eso, sino que cuenta con Google Meet, Facetime, Zoom, Microsoft Teams o Duo entre varias decenas de opciones más para poder verte, incluso, en tiempo real mientras habla contigo.

Además de todas esas opciones, están los mensajes que no se dirigen a ti en exclusiva, pero sí a colectivos entre los que puedes encontrarte. Facebook, Twitter, LinkedIn. Cientos, quizá miles.

Demasiadas alternativas, demasiadas personas con elecciones singulares y demasiada atención. Demasiado miedo a perderse algo por no estar en todas partes y demasiado coste para una disponibilidad total en todo momento y lugar. Los muros que caen pueden levantarse de nuevo, si quieres.