Barridos mentales

Uno de los requisitos clave para disfrutar de la productividad sin estrés se basa en no utilizar tu cerebro como gestor de recordatorios. Es tremendamente ineficiente e ineficaz, y fuente de estrés y olvidos.

Una herramienta muy recomendable para liberar tu cerebro de cabos sueltos que se han ido acumulando es el barrido mental. Un momento auto-dedicado para llevar a cabo una batida en tu mente y exteriorizar todo aquello que se te ocurra, sin evaluar su potencial valor. Un par de minutos o tres, sin pretensiones. Es muy liberador.

Y te brinda además la oportunidad de poder evaluarlo en más detalle después, descartar lo que carezca de valor y tomar las riendas al respecto de lo que sí tenga un valor para ti. Una práctica muy sana y recomendable que merece la pena incorporar a tu vida.

Te mojas

Si llueve mucho y llevas paraguas, te mojas. Y si te das un baño en la playa. Incluso, si pasando al lado de la piscina te resbalas y te caes dentro, te mojas también.

Si corres rápidamente en la dirección adecuada llegarás antes a tu destino, quizá (casi seguro) sudes, y tu frecuencia cardíaca se elevará. E increíblemente si sudas mucho, también te mojas.

En ocasiones, diferentes situaciones generan un mismo resultado. En otras, una situación genera diferentes resultados.

Profundizar hasta conocer los diferentes efectos simples que te conducen hacia A, o que serie de efectos simples individuales produce B, es lo que permite elegir las variables más adecuadas y combinarlas del modo más efectivo para obtener resultados complejos minimizando las consecuencias inesperadas.

P.S.: Esta mañana, junto a esta publicación, se ha lanzado a la lista de correo una actualización vacía. Cosas del directo, espero que me disculpes.

La diferencia entre lo que es y lo que parece

En ocasiones puede ser mínima, y en otras abismal. Mientras te sea posible, lo ideal sería tratar de reunir toda la información posible para que lo que es y lo que parece se acerquen lo máximo posible.

En realidad y aunque a muchas personas les cueste admitirlo, es probable que nunca pases de ahí. Cuando la gente habla de lo que es, generalmente se refieren a lo que parece (aunque no lo sepan).

Un cliente no es solamente un cliente

Un cliente es un punto en una red de la que, en la mayor parte de ocasiones, desconoces alcance y dimensiones.

En ocasiones se le puede atar. Se puede asegurar no dejarle alternativas, o tratar de establecer un vínculo de dependencia para retenerle, al menos, a corto plazo.

Pero del mismo modo que su satisfacción podría convertirle en un evangelizador de tu marca, su insatisfacción puede convertirle en todo lo contrario. Aunque no se marche.

Y, casi siempre, toda la red de la que forma parte importa más que un simple punto. Sea como sea de grande el punto. Para bien y para mal.

Miedo a la venta

Realmente no existe. La mayor parte de personas a las que no les gusta, les atemoriza o avergüenza tratar de vender, en realidad se están refiriendo a pedir dinero a cambio de algo que, en su opinión, podría no alcanzar el precio que le están poniendo.

Pero eso no es venta, en general, sino una situación específica dentro del mundo de la venta.

Vender es algo que todo el mundo ha hecho y hace a diario. Tus relaciones se basan en venta. Tus amigos te compran porque encuentran más valor en lo que puedes ofrecerles que el coste que supone mantener la relación. Tú haces el mismo trueque con ellos. Y nadie se siente avergonzado o atemorizado al hacerlo, sino todo lo contrario.

Tal vez sea necesario descubrir el valor de lo que vendes. O incluso, quizá, vender otra cosa.

Y tú, ¿qué querrías?

La crítica indiscriminada. La indiferencia. El silencio eterno. La burla. La envidia, el sarcasmo, la ironía en situaciones de gravedad. Todo ello genera dolor, destruye conexiones o pone barreras para que jamás lleguen a producirse.

«Ey, lo lamento. Me he dado cuenta de lo que te ocurre. Estoy aquí. Mi atención está aquí, ¿necesitas ayuda?»

Eso es diferente. La presencia, el apoyo, la empatía. Todo eso construye. Un día podrías llegar a verte al otro lado de la línea. ¿Y qué querrías?