Confusión

Existe un propósito. Con frecuencia se desconoce, se olvida o se tiene poca claridad respecto al mismo. Con frecuencia se esconde y con mayor frecuencia se ve corrupto.

Está ahí, esperando abrazar lo que personas y organizaciones hacen para imprimir un poco de sí en cada acto, cada día y cada hito. Pero con frecuencia se siente olvidado, menospreciado y solo.

Mucha gente habla de él, definen de forma clara lo que no es. Lo maquillan, lo tergiversan o directamente lo repudian en pro del discurso políticamente correcto, esperado, o simplemente conveniente.

Crear confusión trae confusión. Defender sostenidamente que eres lo que no eres, que haces lo que no haces o que persigues lo que no persigues, termina por cambiar lo que eres, lo que haces y lo que persigues.

Y la confusión pasa factura. El propósito castiga la renuncia, la mentira y la soberbia. No es posible engañarle. Castiga desprecio y menosprecio. Por eso ocurre lo que ocurre y por eso lo que debería funcionar no funciona.

Sería fantástico agradecer

Nonprofits

Sería fantástico hacer algo. O hacer algo más.

Hay quien lo hace, una labor encomiable. En diferentes frentes y lugares, haciendo cualquier cosa que saben hacer. Merece la pena verlo, porque inspira.

Quizá el problema de sería fantástico hacer algo esté en el sería. Quizá con un será en lugar de un sería, muchas cosas mejorasen.

Será fantástico tener la oportunidad de dar gracias a quien haga ese cambio, tan pequeño y tan grande a la vez.

P.S.: Aunque supongo que lo sabes, si tu inglés no es el mejor tienes la oportunidad de ver cualquier vídeo con subtítulos traducidos al castellano. Desde la rueda dentada de la parte inferior derecha del vídeo en la versión escritorio, accedes a la configuración. Y desde ahí, en la sección subtítulos tienes la posibilidad de solicitar que se traduzcan al idioma que desees. 

Los datos son la clave

Que los datos son la clave fundamental para el análisis ofrece poca duda. Evidentemente, de su calidad y cantidad dependerá la validez y fiabilidad de la salida que generan. Y por supuesto, es necesario tener en cuenta que el tratamiento que hagas de ellos refleje y sea fiel a los indicadores que buscas, sin desvirtuarlos.

Por estos motivos, es frecuente que des poco o ningún valor a lo que te digan cuando recibes datos de otro tipo de fuente que, además de contradecir la primera, te ofrece más fiabilidad. Un ejemplo típico es que te digan que ocurre algo, mientras que lo que tu ves que ocurre es otra cosa. A priori, una de esas fuentes es mucho más fiable que la otra para ti.

¿Qué piensas sobre un lugar que te describen como maravilloso, cuando ves que casi todas las personas que llegan se marchan en cuanto lo conocen mejor? ¿Das crédito a quien te dice que una persona no se ha comprometido con algo, cuando puedes ver cómo ha apostado su tiempo, sus recursos, su dinero, e incluso —en ocasiones— la seguridad y bienestar de su familia? ¿Qué opinas cuando alguien que proclamaba al viento las virtudes de las personas que componen su equipo, se dedica a criticarlas, reprobarlas o vituperarlas en cuanto dejan de serlo?

Las respuestas te las dejo a ti. Que no te cuenten historias, los datos son la clave. Y en ocasiones, pocos dicen mucho.

Lo que sabes vs. lo que haces

La finalidad fundamental y básica de disponer de conocimiento es hacer uso del mismo en los momentos en que resulte útil. Sin embargo, entre ambas partes existe un océano. Lo que sabes y lo que haces con ello en pocas ocasiones armoniza.

Siglos atrás, incluso décadas, el acceso al conocimiento estaba restringido. Se trataba de un privilegio al que la mayor parte de las personas tenían un acceso muy limitado. Aunque estas barreras ya se encontraban debilitadas, la llegada de Internet las hizo volar en mil pedazos.

Hoy puedes saciar tu hambre de saber sobre casi cualquier tema de un modo sencillo. Ahí tienes YouTube, podcasts, blogs, casi cualquier cualquier cosa que puedas imaginar a golpe de clic. Nuevo saber que se suma a mucho otro conocimiento anterior, pero que también se difunde y propaga a través de la Red. Sobre lo que no sabes, buscas. Y encuentras.

Sin embargo lo que haces es otro tema. Puedes leer un libro, ver vídeos, escuchar un podcast, leer blogs, o consumir cualquier otro tipo de contenido en cualquier otro formato que te aporte conocimiento del que carecías. Y cuando terminas, seguir con tu vida. Puedes hacer muecas, maravillarte con lo que acabas de descubrir, incluso contárselo a tus personas allegadas. Pero seguir con tu vida. Algo ha cambiado, pero nada cambia. Lo que haces no cambia. Saber se pierde sin hacer.

Hoy el saber está en todas partes. Ha dejado de esconderse tras una barrera infranqueable y ha dejado de ser fuente de exclusividad. Hacer cosas que merecen la pena es el nuevo saber. Y adquirir la destreza, la motivación y el empuje necesario para hacer lo que merece la pena son las nuevas barreras que tienes que franquear. Y se puede.

Límites y su ausencia

En el mundo de la efectividad es frecuente hablar de límites. A qué decir y a qué decir no. A qué asignar cuánto. O a qué y de qué modo asignar cuándo.

El cuándo también es uno de esos límites. No solamente viene determinado por el establecimiento de un momento concreto, sino que además se ve condicionado profundamente por la existencia de rangos temporales. Por ejemplo, una fecha de vencimiento. En el momento en que esa fecha existe, ya tienes tu rango: entre hoy, ahora, el momento a partir del cual puedes hacer algo, y el momento en que eso vence.

Es habitual leer acerca del flaco favor que generalmente podría hacerte establecer fechas límite autoimpuestas. Aquellas que no vienen condicionadas por una necesidad o compromiso externo que marcan un hito a partir del cual existe una consecuencia desagradable real. Puede tener sentido. Después de todo, ¿por qué obligatoriamente hoy si puede ser mañana, pasado, o la semana que viene?

También es frecuente encontrarse con otros puntos de vista. Por ejemplo, aquel que se ve representado a través de la Ley de Parkinson. El trabajo siempre se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización. Invita a marcar límites. Marcar una línea y entregar. Fin. Puede tener sentido.

Ambos pueden tenerlo. Y lo tienen. Cada uno de ellos bajo determinadas circunstancias. De tu mano queda determinar cuál para cuándo y que situación se beneficiará más de uno u otro. Después de todo, quedarte con los qués, cómos, cuántos, cuándos y para qués adecuados es lo que te convierte en una persona efectiva y, por fortuna o desgracia, no están escritos en ningún lugar.

Destaca

Destaca

Podría referirse a cualquier cosa. A cualquier ámbito. A cualquier persona. Podría tratarse de un consejo, una necesidad o una invitación. Para mí, que ya tengo una idea formada en mi mente sobre qué es, tiene un poco de todo ello.

Destacar implica salir del anonimato. Para convertirse en opción. Pero esa es la parte sencilla.

La otra parte, la que no es fácil, se encuentra en destacar en aquello que realmente merece la pena. En convertirse en la opción que te lleve a un lugar en que merece la pena estar. También puede hacerse, y como ocurre siempre, es más fácil con ayuda.

Curiosamente, formar parte de esa ayuda para que otras personas destaquen es un modo más de destacar. Te ayuda a crecer, como persona y como profesional. El entorno que se crea alrededor de esa ayuda facilita la aparición de lugares en los que merece la pena estar.

Rest in peace

En enero del año 2019 nacía algo que cambió muchas cosas para mí. Con el —quizá desafortunado— nombre de GTD Master nacía un blog a través del cual, por primera vez en mi vida, adquiría el compromiso de escribir con una regularidad meridiana.

Nunca había querido adquirir tal compromiso. Aunque me gustaba escribir, siempre me gustó hacerlo en los momentos en que la escritura venía a mí y no al contrario. Después de todo, cuando haces algo por el mero hecho de que te gusta pierde parte de su sentido hacerlo cuando no te apetece.

Son diversas las circunstancias que me llevaron a matar GTD Master en septiembre de 2020, una de ellas fue cerrar etapa y arrancar desde cero. Pero tengo mucho que agradecerle. Me enseño a apreciar la escritura de otro modo, a someterme a una entrega periódica inalterable tuviese lo que tuviese entre las manos, y a comprender y apreciar el hecho de escribir para alguien más.

Mi camino ha sido el inverso al habitual. La mayor parte de las personas que escriben en algún medio, lo hacen para una audiencia. Quizá porque yo comencé escribiendo única y exclusivamente para mí, lo veía de otro modo y determinados compromisos carecían de sentido en aquel momento.

Ahora ha llegado 2022. Es la fecha que en su día me marqué para revaluar si mantenía GTD Master en línea, aún sin nuevos contenidos desde finales de 2020. Y he tomado la decisión de dejarle ir, porque cuando algo se termina merece descansar. Nos leemos aquí. Rest in peace, GTD Master.

Qué crees, ¿está escrito?

¿Crees que lo que ocurrirá está escrito? ¿Confías en tu capacidad para cambiarlo? ¿Crees que prever y anticipar es posible? ¿Dirías que merece la pena intentarlo? ¿Qué consecuencias podrían tener en tu vida diferentes respuestas a estas preguntas?

Antes de que Dios dijese Sea la luz, dijo Sea la cruz. – Samuel Pérez Millos

El cambio que necesitas no está donde buscas

Con la transición de año han llegado muchas retrospectivas, y con ellas mucha intencionalidad de cambio.

En realidad, se trata de un proceso simple. Retrocedemos y analizamos, para posteriormente tratar de mantener aquello que nos satisface y tratar de cambiar aquello que no. Sin embargo, aunque el cambio es necesario para la mejora, tiene un problema. Diferente no siempre es mejor, y lo que empeora también lo hace a través de un proceso de cambio.

Muchas personas agotan las balas introduciendo cambios y esperando el milagro, mientras la vida sigue su curso impasible. Ocurre, simplemente, porque no están dispuestas a cambiar lo necesario para mejorar.

Los rodeos no siempre llevan implícito un camino más largo para llegar al mismo lugar. En ocasiones ese camino es solamente uno. Si año tras año cambias muchas cosas y la mejora que buscas no llega, quizá no esté donde la estás buscando. O puedes convencerte de que así está bien, que seguramente cueste menos.

La pata de la mesa

La mesa cojea. Es incómodo, en cuanto la tocas oscila, y ese sonido de las patas golpeando el suelo llega a ponerte de los nervios.

Te pones a comprobar cuál es el problema. En el mejor de los casos puede tratarse de alguna pata, y en el peor de ese suelo que tu siempre has visto perfectamente nivelado hasta que has colocado esta mesa en ese preciso lugar. Y si se trata de una pata, podrías cambiarlas. O rectificarlas. Incluso poner un pequeño taco debajo de una de ellas. O más simple, un papel plegado.

Diferentes soluciones. Más rápidas o menos, más costosas en recursos o menos, más duraderas o menos.

La mesa ya no es una mesa, ni las patas unas patas, ni el suelo un suelo. Son ejemplos que representan que no siempre tus únicas opciones se reducen al todo o nada. El todo o nada es peligroso en muchas ocasiones. Casi siempre termina por convertirse en nada.

Un papel plegado puede resolvértelo de momento. Y un taco de goma podría resolvértelo por bastante tiempo. O quizá deberías rectificar las patas, cambiarlas, o incluso cambiar de mesa. ¿Existe algo más importante en tu vida ahora mismo que una mesa que no cojea? ¿Y durante cuánto tiempo necesitarás que no lo haga?