La queja

La gente se queja, todo el mundo.

El trabajador por cuenta propia lo hace porque no tiene vacaciones, y el trabajador por cuenta ajena porque tiene menos de las que querría.

Quien vota se queja porque su voto no ha resultado ganador y quien no vota se queja por no haber podido/querido hacerlo. Quien no ha votado al partido que gobierna, por su pésima gestión. Y quien sí le ha votado, por lo mismo.

Las personas que siguen a un equipo de futbol se quejan por ese injusto penalti contra su equipo, las que siguen a su rival porque no se ha mostrado la tarjeta roja.

Quien gana poco dinero, porque querría ganar más. Y quien gana más, por el mismo motivo.

Las personas que no tienen lo que quieren se quejan por no tenerlo, y las que sí lo tienen… bueno, ¿quién tiene todo lo que quiere?

La queja es el antídoto contra una actitud pasiva que corroe tu mente. Tan útil para olvidar como inútil para avanzar. Tan adictiva como perjudicial.

Piensa qué quieres, dónde estás y hacia dónde moverte. Y ponte en marcha. Eso sí sirve: acción en lugar de distracción.

¿Ideas?

Allá donde pueda existir una necesidad, puede existir una oportunidad de negocio.

Con problemas y necesidades da comienzo todo. Pero sin habilidad y destreza no dura.

El trabajo comienza mucho antes

Cuando dices algo, no puedes esperar que todo el mundo deposite confianza en ello. En ocasiones, dirás algo que la mayoría comparte y no suele cuestionarse. En otras, algo que casi nadie comparte y que, en el mejor de los casos, se cuestionará, en otros se rebatirá y en la mayoría se negará ipso facto sin más.

Las reacciones que aparecen consecuencia a lo que dices no son fortuitas, ni mucho menos. De hecho la mayoría de ellas ya están ahí, esperando que abras la boca para emerger. Esto ocurre porque no se basan únicamente en qué dices, se basan en algo más.

Y ese algo más puede modelarse. Porque lo que dices puede despertar las reacciones que esperas si preparas los 30 segundos de tu discurso durante los 30 meses previos.

Cuándo es el momento

Casi siempre viene definido por el miedo. No se trata de que no pueda hacerse antes, se trata de que solamente se hace cuando la confianza que ofrece un cierto nivel de seguridad lo permite.

Casi siempre de trata de un mismo ciclo:

  • Primero lo hace quien no tiene nada que perder, porque desde esa posición ciertos miedos no existen. Probablemente ni te enteres, pero ahí es donde deberías estar mirando.
  • Luego, cuando alguien lo ha hecho y puede examinarse mejor, lo hacen algunos referentes. Esos que desde una posición de poder se han postulado como innovadores y necesitan, por encima de los miedos, mantener su puesto en cabeza. Y dejan a las masas con la boca abierta.
  • Y solamente cuando el término innovación ha desaparecido, va el resto. Sin miedo, porque ya no es algo extraño. Se ha normalizado. Pero ya es tarde.

Desde el primer grupo empujas al mundo a avanzar. Desde el segundo también, solamente se alcanza como evolución del primero. El último solamente puede aspirar a sobrevivir, en el mejor de los casos. Y todo lo define el miedo, o aquello que consiga ponerte en movimiento a pesar del mismo.

Cruzar el río

En verano se seca, y es mucho más fácil cruzar. Pero tal vez no puedas esperar a que llegue el verano. Puedes mojarte, y cruzar ahora mismo. O puedes esperar a que el rastro de la tormenta se extinga, baje menos agua y la travesía sea menos peligrosa.

Puedes incluso tender un pequeño puente, y cruzar cuantas veces quieras de un modo rápido y sencillo. Pero tardarás más en poder cruzar por primera vez.

Y quizá tengas más opciones. Conocerlas te permitirá cruzarlas con tus necesidades.

Una pregunta

Una pregunta: ¿A quién tratarías de complacer hoy, si solamente pudieras centrarte en una persona?
Buscando respuestas: ¿Es la persona que lo merece más, que está más cerca, que más lo necesita? ¿Qué dice tu respuesta sobre ti?

Otra pregunta: ¿Podrías contar tres personas con las que sabes que contarías incondicionalmente ante cualquier circunstancia?
Quizá te ayude: ¿Sabrías decir el motivo por el cuál tu respuesta es afirmativa o negativa? ¿Querrías que la respuesta fuera otra? ¿Qué harías para ello? ¿Y si cambias tres por seis?

Y otra más: ¿Crees que responder a preguntas de este tipo con cierta frecuencia te sería útil?
Una respuesta: ¿Qué te impide hacértelas?
Otra: ¿Qué te impide realmente hacértelas?

Opciones

Casi siempre tienes dos o más opciones.

Frente a comer fuera a diario, puedes aprender a cocinar. Frente a leer lo que otros escriben, puedes escribir para que otros lean lo que has escrito. O frente a asumir que algo no funcionará, puedes adoptar el compromiso de comprobar si funciona o demostrar que no lo hace.

Entre las opciones casi siempre hay una mucho más cómoda y al menos una incómoda. La incómoda suele ser la que mejor funciona cuando se trata de buscar resultados de algún tipo. Pero existen extrañas ocasiones en que, para situaciones y personas concretas, la que funciona y la cómoda es la misma.

Si eso llega a ocurrirte, habrás descubierto algo que no puedes ignorar.