El gran cambio

El gran cambio funciona cuando todo está roto. Cuando construir sobre lo que existe implica un esfuerzo mayor que comenzar desde cero.

Sin embargo, implica altas dosis de esfuerzo y riesgo. En su lugar, la suma de pequeños cambios controlados pueden producir también un gran cambio. Se pueden probar, medir, y revertir con mayor facilidad.

No existe una mejor opción universal. Pero existe pensar antes de elegir.

Amplitud e individualidad

Lo que el mundo moderno a puesto en nuestras manos es fantástico. Si quieres exponer ya no necesitas hacerlo de uno en uno. Ni siquiera de quince en quince. Puedes grabar un vídeo y publicarlo en YouTube, o un podcast, o escribir un articulo o libro, y tu mensaje está listo. Para todo el mundo.

Pero ganar en amplitud implica perder en individualidad. Adaptar un discurso a la masa se basa precisamente en tratar de reducir la individualidad al mínimo. Todo directo, claro, simple. Genérico.

Cuando las dudas aparecen es cuando un refuerzo de la individualidad cobra sentido. Y siempre aparecen, aunque hayamos aprendido a sacrificar las necesidades individuales en pro de lo que funciona para la mayoría. De hecho, cuando rascas un poco en la superficie emergen dudas que parecían no existir antes.

La individualidad requiere demasiados recursos y la amplitud solamente funciona bien en las capas superficiales. Ninguna de ambas es tan buena, aislada.

Roles

Relaciónate con tu vecino, y podrás disfrutar de una relación vecino-vecino.

Hazlo con personal sanitario en el ejercicio de su actividad, y la relación estará marcada totalmente por esa condición. Será una relación entre personal sanitario y paciente.

O relaciónate con un consultor, y con toda probabilidad desde fuera podrá comprobarse fácilmente cómo se mantiene una relación consultor-cliente.

Todas son relaciones y todas están condicionadas por roles. Podrías disfrutarlas todas desde un lado diferente, y en cada uno de los casos el rol que asumes condicionará tu comportamiento y el de quien tienes enfrente.

Eso es. El rol que asumes condicionará tu comportamiento y el de quien tienes enfrente.

La queja

La gente se queja, todo el mundo.

El trabajador por cuenta propia lo hace porque no tiene vacaciones, y el trabajador por cuenta ajena porque tiene menos de las que querría.

Quien vota se queja porque su voto no ha resultado ganador y quien no vota se queja por no haber podido/querido hacerlo. Quien no ha votado al partido que gobierna, por su pésima gestión. Y quien sí le ha votado, por lo mismo.

Las personas que siguen a un equipo de futbol se quejan por ese injusto penalti contra su equipo, las que siguen a su rival porque no se ha mostrado la tarjeta roja.

Quien gana poco dinero, porque querría ganar más. Y quien gana más, por el mismo motivo.

Las personas que no tienen lo que quieren se quejan por no tenerlo, y las que sí lo tienen… bueno, ¿quién tiene todo lo que quiere?

La queja es el antídoto contra una actitud pasiva que corroe tu mente. Tan útil para olvidar como inútil para avanzar. Tan adictiva como perjudicial.

Piensa qué quieres, dónde estás y hacia dónde moverte. Y ponte en marcha. Eso sí sirve: acción en lugar de distracción.

¿Ideas?

Allá donde pueda existir una necesidad, puede existir una oportunidad de negocio.

Con problemas y necesidades da comienzo todo. Pero sin habilidad y destreza no dura.

El trabajo comienza mucho antes

Cuando dices algo, no puedes esperar que todo el mundo deposite confianza en ello. En ocasiones, dirás algo que la mayoría comparte y no suele cuestionarse. En otras, algo que casi nadie comparte y que, en el mejor de los casos, se cuestionará, en otros se rebatirá y en la mayoría se negará ipso facto sin más.

Las reacciones que aparecen consecuencia a lo que dices no son fortuitas, ni mucho menos. De hecho la mayoría de ellas ya están ahí, esperando que abras la boca para emerger. Esto ocurre porque no se basan únicamente en qué dices, se basan en algo más.

Y ese algo más puede modelarse. Porque lo que dices puede despertar las reacciones que esperas si preparas los 30 segundos de tu discurso durante los 30 meses previos.

Cuándo es el momento

Casi siempre viene definido por el miedo. No se trata de que no pueda hacerse antes, se trata de que solamente se hace cuando la confianza que ofrece un cierto nivel de seguridad lo permite.

Casi siempre de trata de un mismo ciclo:

  • Primero lo hace quien no tiene nada que perder, porque desde esa posición ciertos miedos no existen. Probablemente ni te enteres, pero ahí es donde deberías estar mirando.
  • Luego, cuando alguien lo ha hecho y puede examinarse mejor, lo hacen algunos referentes. Esos que desde una posición de poder se han postulado como innovadores y necesitan, por encima de los miedos, mantener su puesto en cabeza. Y dejan a las masas con la boca abierta.
  • Y solamente cuando el término innovación ha desaparecido, va el resto. Sin miedo, porque ya no es algo extraño. Se ha normalizado. Pero ya es tarde.

Desde el primer grupo empujas al mundo a avanzar. Desde el segundo también, solamente se alcanza como evolución del primero. El último solamente puede aspirar a sobrevivir, en el mejor de los casos. Y todo lo define el miedo, o aquello que consiga ponerte en movimiento a pesar del mismo.