Las voces que oímos, y las voces que escuchamos

En ocasiones nos ofuscamos con algo con tremenda facilidad. No es necesario que se trate de un tema complejo, puede serlo o no serlo, pero este no es un factor en absoluto decisivo. Lo que sí suele ser un factor decisivo es que nuestra habilidad para establecer vínculos racionales entre los datos que analizamos con coherencia funcione correctamente en ese momento preciso. Esto, en lenguaje coloquial suele representarse por expresiones del tipo “estar espeso” o “estar empanado”, queriendo hacer referencia a ese estado de mermada actividad cerebral en que todo parece atascarse.

No siempre pensamos con la misma facilidad

Cuando esto nos ocurre, seguramente nos supondrá un mayor esfuerzo tomar decisiones, o lo que es peor, las tomaremos sin haber pensado correctamente y por tanto el resultado de tal decisión y su reacción/acción derivada será muy probablemente diferente a si lo hubiéramos hecho en otro momento. En palabras llanas, ese estado de empalago mental motivará que pensemos peor, o que nuestra fricción a pensar nos lleve a actuar sin hacerlo. Nuestras convicciones nos engañan, porque no pensamos adecuadamente y no tenemos en cuenta los pequeños detalles.

¿A quien no le ha pasado que en uno de esos días ha hecho o dicho algo que no debía? ¿O ha tomado una mala decisión? ¿O ha discutido defendiendo una postura errónea? ¿o ha …? Evidentemente, en ese preciso instante pensamos que estamos acertados. Para empeorarlo, hacemos gala de una tozudez exagerada. Solo oímos, no escuchamos. No pensamos con claridad, y aún así nos aferramos a una idea con plena convicción.

Esto nos ocurre porque no hemos detectado ese estado de nubladez mental, o peor, lo hemos ignorado. Y cuando lo detectamos, lo sabio es dejar enfriar. Trata de tomar el menor número de decisiones, posterga hacerlo si no lo precisas en ese preciso instante, sé consciente del riesgo que entraña decidir en este estado (y más aún, decidir y actuar). Y escucha. Oír es un don, sin duda alguna, pero para pensar y decidir no es suficiente. Debes escuchar.

De nuevo, ¿A quien no le ha ocurrido que tras un suceso que podríamos relacionar con este estado mental, ha llegado a casa y su esposa/o, pareja, padre o madre, le ha abierto los ojos? Relatamos el suceso acontecido con nuestra mayor indignación aguardando una reafirmación plena de nuestra postura, y sin embargo la respuesta que recibimos de la otra parte se siente como una bofetada de realidad. Una perspectiva nueva, quizá la misma que presentaba nuestro opositor en una discusión, pero que ahora percibimos de un modo totalmente diferente, en parte por cuándo la recibimos pero, sobre todo, por quien abre esa nueva realidad ante nuestros ojos.

Puede ser una persona a la que nos une un fuerte vínculo emocional, una persona en cuyo consejo confiamos, alguien que admiramos, o simplemente alguien a quien escuchamos.

Las palabras que brotan de su boca se nos abren ante nosotros de un modo que cuasi podríamos catalogar de sabiduría pura en ese instante, por mucho que nos pueda doler oírlas. En ocasiones lo son, en otras se trata de argumentos tan simples que nos deja absolutamente perplejos no haber tenido en cuenta. Pero en cualquiera de los casos, son palabras que necesitábamos escuchar. Y en la mayoría de ocasiones, estas palabras se convertirán en verdaderas lecciones que quedarán grabadas a fuego en nosotros, porque errando se aprende. Trata de no llegar a este extremo. Pero si llegas, aprende a sacar lo mejor de ello, a conocerte un poco más, y a valorar como un tesoro el aprendizaje que te ha aportado.

Hemos llegado al fin de la entrada. Se trata de una entrada introspectiva que para mi tiene un sentido, pero quizá para tí no lo tenga. Si es así, si no te sientes en cierto modo identificado/a con alguno de los datos expuestos, seguirá aquí para cuando eso ocurra. Seguro que ocurrirá. Y no puedo menos que agradecerte el tiempo dedicado a leerme.

Por último, agradecer a todas esas personas que tienen, sabiéndolo o no, queriendo o no, la capacidad de hacer que las escuchemos siempre, dándonos valiosas lecciones directa o indirectamente en muchas ocasiones. Para cada uno de nosotros son personas diferentes, y para cada uno de nosotros son personas importantes.

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